La historia de El Salvador también puede contarse a través de sus terremotos.
El país está expuesto a diversas fuentes sísmicas: fallas dentro del territorio, la cadena volcánica y la interacción entre las placas de Cocos y del Caribe, entre otras.
Entre los terremotos destructivos registrados durante el último siglo destaca el del 10 de octubre de 1986, de magnitud 5.4, que dejó alrededor de 1,500 muertos.
Pero no ha sido el único.
El 3 de mayo de 1965, otro terremoto afectó San Salvador y dejó 125 fallecidos. En 1986 ocurrió la tragedia que transformó la capital y, quince años más tarde, llegaron dos nuevos golpes.
El terremoto del 13 de enero de 2001, de magnitud 7.6, causó 944 muertes según los registros técnicos del MARN. Un mes después, el 13 de febrero, un sismo de magnitud 6.6 dejó otras 315 víctimas mortales.
Las diferencias entre estos acontecimientos también demuestran que un terremoto de mayor magnitud no necesariamente produce más víctimas que uno menor. Profundidad, ubicación, tipo de suelo y vulnerabilidad de las construcciones pueden cambiar completamente sus consecuencias.
Pie de foto: El Salvador posee una larga historia de terremotos destructivos debido a distintas fuentes sísmicas presentes dentro y alrededor de su territorio.




