Un número puede resultar engañoso. El terremoto que golpeó San Salvador el 10 de octubre de 1986 tuvo una magnitud de apenas 5.4, muy inferior a la de otros grandes terremotos registrados en El Salvador.
Entonces, ¿por qué fue tan destructivo?
Una de las respuestas está bajo la ciudad. El sismo se originó muy cerca de San Salvador y a poca profundidad. Los registros técnicos lo sitúan aproximadamente entre 7 y 10 kilómetros bajo la superficie.
Además, fue provocado por una falla geológica local. El SNET señala que el movimiento alcanzó una intensidad máxima de IX en la escala de Mercalli Modificada y produjo fuertes aceleraciones del terreno.
La vulnerabilidad de las construcciones agravó el escenario. Evaluaciones técnicas encontraron daños tanto en viviendas informales como en edificios de varios pisos, instalaciones hospitalarias y servicios básicos.
El terremoto también provocó centenares de deslizamientos y fue seguido por una extensa secuencia de réplicas. El SNET reportó posteriormente más de 10,000 movimientos registrados después del evento principal.
La tragedia de 1986 dejó así una lección que continúa vigente: la magnitud no determina por sí sola el nivel de destrucción de un terremoto.
Pie de foto: La poca profundidad y la cercanía de la fuente sísmica con San Salvador contribuyeron a que el terremoto de 1986 provocara graves daños pese a su magnitud 5.4.




