La Generación Z en El Salvador —jóvenes entre 13 y 28 años— vive una crisis de salud mental que va más allá del uso de redes sociales o los efectos de la pandemia. Según expertos, factores como la inestabilidad económica, la migración familiar, el trauma intergeneracional y la falta de oportunidades están generando altos niveles de ansiedad, depresión y desesperanza. En el país, más del 40% de los jóvenes reportan sentirse tristes o abrumados, y muchos carecen de acceso a atención psicológica adecuada.
Desafíos únicos en El Salvador
Para los jóvenes salvadoreños, la situación se agrava por:
- Presión económica: La dificultad para encontrar empleo estable o continuar estudios superiores.
- Migración y separación familiar: Muchos crecen en hogares afectados por la migración, con padres o familiares ausentes.
- Violencia y estrés social: La exposición a entornos violentos o inseguros aumenta el riesgo de trauma.
- Estigma cultural: En muchos casos, buscar ayuda psicológica sigue siendo un tabú, lo que impide recibir tratamiento a tiempo.
¿Cómo podemos cuidar la salud mental?
Los expertos recomiendan enfoques culturalmente adaptados para abordar esta crisis:
- Terapias accesibles: La terapia cognitivo-conductual (TCC) es efectiva, pero pocos tienen acceso a ella. Se necesitan más programas gratuitos o de bajo costo.
- Atención culturalmente informada: Los terapeutas deben considerar las experiencias y valores culturales de los jóvenes, como la importancia de la familia y la comunidad.
- Alternativas no tradicionales: Métodos como el tai chi, la meditación o el arte pueden ser herramientas útiles para manejar el estrés, especialmente cuando la terapia convencional no está disponible.
- Espacios seguros: Crear redes de apoyo en escuelas, universidades y comunidades para que los jóvenes se sientan escuchados.