El Salvador defendió este lunes ante la ONU una cooperación internacional que no obligue a los países a ceder soberanía y reclamó cambios para que el organismo responda con mayor rapidez a guerras, pobreza, violencia y otras crisis que trascienden las fronteras nacionales.
El planteamiento, presentado por la canciller Alexandra Hill ante la 81.ª Asamblea General, importa más allá del discurso diplomático: define la posición con la que El Salvador busca relacionarse con organismos internacionales. El país sostiene que necesita cooperación para problemas que no puede resolver solo, pero al mismo tiempo reclama mayor margen para tomar sus propias decisiones internas.
El Salvador plantea ante la ONU cooperación sin renunciar a soberanía
Hill pidió un multilateralismo capaz de “escuchar” y “decidir”, que respete la soberanía de los Estados y reconozca que existen problemas que ningún país puede enfrentar individualmente.
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El planteamiento combina así dos conceptos que suelen generar tensiones en las relaciones internacionales: cooperación y autonomía de los Estados.
“No existe una receta universal. Cada historia tiene que resolverse según lo que cada país ha vivido”, sostuvo Hill durante su intervención, de acuerdo con el registro de Naciones Unidas.
En términos prácticos, la posición salvadoreña plantea que los organismos multilaterales deben conservar capacidad para coordinar respuestas internacionales, pero sin establecer un único modelo para resolver los problemas internos de cada país.
¿Por qué esta posición importa para El Salvador?
La discusión no es únicamente diplomática. El Salvador mantiene relaciones económicas, financieras y de cooperación con instituciones internacionales, mientras el Gobierno ha defendido con insistencia su autonomía para adoptar políticas nacionales, particularmente su estrategia de seguridad.
Un ejemplo de esa interdependencia está en la economía. El país mantiene un programa de aproximadamente US$1,400 millones con el Fondo Monetario Internacional, sujeto a revisiones y compromisos económicos. Este mismo septiembre, el personal técnico del FMI alcanzó un acuerdo con las autoridades salvadoreñas que, de recibir la aprobación correspondiente, permitiría un desembolso de alrededor de US$140 millones.
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Ese escenario ayuda a entender por qué cooperación y soberanía no son conceptos abstractos para El Salvador: las decisiones adoptadas en espacios multilaterales pueden incidir en financiamiento, desarrollo, derechos humanos, migración, seguridad y relaciones diplomáticas.
Seguridad, el ejemplo que El Salvador llevó a Naciones Unidas
Hill utilizó la reducción de los homicidios como principal ejemplo para defender la capacidad de cada Estado de buscar soluciones propias.
La canciller afirmó que El Salvador pasó de una tasa de 103 homicidios por cada 100,000 habitantes a 1.3 y sostuvo que la recuperación de la seguridad permitió avanzar hacia otros objetivos económicos y sociales. Naciones Unidas recogió esas cifras como parte de los datos presentados por la representante salvadoreña durante su discurso.
El argumento conecta con una de las principales discusiones internacionales alrededor del país: el Gobierno presenta su estrategia de seguridad como una transformación exitosa, mientras su aplicación ha generado cuestionamientos internacionales sobre derechos humanos y garantías fundamentales.
Hill, sin embargo, no propuso que otros países repliquen automáticamente el modelo salvadoreño y sostuvo que “no existe una receta universal”.
El Salvador también reclama cambios dentro de Naciones Unidas
La posición salvadoreña no se limitó a defender la soberanía. Hill cuestionó la capacidad actual de Naciones Unidas para responder a conflictos y crisis internacionales y pidió una organización más ágil, representativa, eficaz y transparente.
El mensaje adquiere otro significado por el antecedente inmediato del presidente Nayib Bukele.
En 2025, Bukele decidió no participar en la Asamblea General y posteriormente calificó aquella edición como “pointless” —sin sentido o inútil—. Publimetro había planteado la semana pasada la incógnita sobre su eventual regreso al organismo en 2026. Finalmente, la representación salvadoreña recayó este lunes en Hill. Publimetro El Salvador
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La diferencia es relevante: El Salvador no planteó apartarse del multilateralismo, sino modificar la manera en que funciona. El mensaje combina una crítica a la capacidad de respuesta de Naciones Unidas con el reconocimiento de que existen problemas internacionales que los Estados no pueden resolver por separado.
Ese equilibrio —cooperar sin renunciar a decidir internamente y exigir organismos internacionales más efectivos— fue el núcleo político de la posición salvadoreña ante la Asamblea General.