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Internacional

Bukele ante la ONU: qué ha cambiado desde su última participación y por qué su regreso tendría peso internacional

La ONU inicia su debate de alto nivel sin confirmar si Bukele participará, tras dos años de mayor proyección internacional de El Salvador.

Bukele intervino por última vez de forma presencial ante la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre de 2024; en 2025 decidió no asistir. Archivo
Bukele intervino por última vez de forma presencial ante la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre de 2024; en 2025 decidió no asistir. Archivo
Por Juan Jose Lopez |

La 81.ª Asamblea General de Naciones Unidas abrió este martes 22 de septiembre su debate general en Nueva York con una incógnita para El Salvador: ¿participará Nayib Bukele después de haber decidido no asistir en 2025 y calificar aquella cita como “inútil”?

Hasta este corte, no hay confirmación pública suficientemente sólida de Presidencia, Cancillería o Naciones Unidas que permita afirmar que Bukele viajará a Nueva York, pronunciará un discurso de manera remota o enviará un mensaje previamente grabado.

La ONU confirmó que el debate general se desarrollará del 22 al 26 y el 28 de septiembre y reunirá a jefes de Estado, de Gobierno y otros representantes de alto nivel. 

Sin embargo, una eventual participación salvadoreña tendría un contexto sustancialmente diferente al de la última vez que el mandatario ocupó el podio de Naciones Unidas.

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Bukele llegaría con un El Salvador de mayor exposición internacional

La última participación presencial de Bukele ante la Asamblea General ocurrió el 24 de septiembre de 2024. Entonces aseguró que, a diferencia de su primera visita en 2019, llegaba como presidente de un país que ya tenía “una voz en el mundo”. La intervención quedó registrada oficialmente por Naciones Unidas. 

Desde entonces, la presencia de El Salvador en discusiones regionales sobre seguridad se ha ampliado y el denominado modelo salvadoreño ha sido observado por gobiernos y dirigentes extranjeros.

En marzo de 2026, por ejemplo, la Vicepresidencia salvadoreña informó que, durante un encuentro con el presidente chileno José Antonio Kast, ambos gobiernos abordaron una agenda de cooperación en seguridad y otras áreas estratégicas. El Gobierno salvadoreño también ha presentado su experiencia en esta materia en distintos espacios internacionales. 

A esa dimensión se suma una relación política más estrecha con Estados Unidos. En septiembre de 2025, Bukele celebró públicamente la decisión del gobierno estadounidense de designar a Barrio 18 como organización terrorista y resaltó la coincidencia entre ambos países frente a estas estructuras. 

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Ese posicionamiento internacional, sin embargo, tiene una segunda cara.

Así, una eventual comparecencia del presidente salvadoreño tendría interés no solamente por lo que pudiera decir sobre los resultados de su Gobierno, sino por cómo respondería —directa o indirectamente— a las críticas internacionales que siguen acompañando al modelo.

De la selfie a considerar “inútil” la Asamblea

La relación de Bukele con la Asamblea General ha estado marcada desde el inicio por sus cuestionamientos al propio funcionamiento del organismo.

La estrategia de seguridad salvadoreña continúa recibiendo cuestionamientos de organismos internacionales. En abril de 2026, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos reiteró sus preocupaciones por los efectos de la prolongación del régimen de excepción y volvió a pedir al Estado salvadoreño poner fin a su utilización continuada. 

En 2019, durante su primera intervención, sacó un teléfono desde el podio y se tomó una selfie antes de sostener que esa fotografía probablemente sería vista por más personas que su discurso. Con ese episodio cuestionó el formato tradicional de la reunión y planteó que Naciones Unidas debía adaptarse a nuevas formas de comunicación.

Durante la pandemia participó mediante mensajes grabados y mantuvo sus críticas sobre la necesidad de modernizar organismos internacionales.

En 2023, volvió a defender ante Naciones Unidas la transformación de El Salvador y presentó al país como un caso que había pasado de altos niveles de violencia a convertirse, según su Gobierno, en referente internacional en materia de seguridad. La cobertura oficial de la ONU recogió esa reivindicación del modelo salvadoreño. 

Para 2024, el discurso había evolucionado. Bukele ya no se presentó solamente como el mandatario de un país que buscaba cambiar, sino como gobernante de una nación que, afirmó, había conseguido una nueva posición internacional. La ONU resumió su intervención señalando que destacó seguridad, turismo, retorno de salvadoreños y transformación nacional. 

Pero en 2025 rompió la secuencia.

Bukele no acudió a la Asamblea y posteriormente explicó en X que había decidido saltarse la reunión porque aquel año le había parecido “pointless”, expresión que puede traducirse como “sin sentido” o “inútil”. Incluso invitó irónicamente a volver a ver su discurso de 2024. 

Una Asamblea que este año habla de recuperar la confianza

Existe además una coincidencia política particular en 2026.

El lema del 81.º período de sesiones es “Restaurar la confianza y gestionar la transformación a fin de que las Naciones Unidas generen resultados para todos”, precisamente después de que el presidente salvadoreño cuestionara públicamente la utilidad de asistir a la reunión un año atrás. 

Por eso, si Bukele vuelve al podio, uno de los puntos de interés será conocer si mantiene su posición crítica hacia Naciones Unidas o si utiliza el espacio principalmente para proyectar los cambios ocurridos en El Salvador.

¿Participará El Salvador?

También podría tener especial relevancia cualquier planteamiento sobre seguridad, soberanía o relaciones internacionales, asuntos recurrentes en sus discursos anteriores. Esto constituye un antecedente y no permite anticipar cuál sería el contenido de una eventual intervención en 2026.

Por ahora esa sigue siendo la pregunta abierta.

El inicio del debate general está confirmado, pero Publimetro no encontró hasta este corte una comunicación oficial que confirme la presencia de Bukele en Nueva York ni la modalidad bajo la cual El Salvador participará.

La eventual confirmación de su asistencia tendría un significado distinto al de sus primeras comparecencias: llegaría después de haber rechazado públicamente la cita de 2025 y en un momento en que el modelo salvadoreño genera simultáneamente interés entre actores políticos de otros países y críticas de organismos internacionales.

Su presencia —o una nueva ausencia— sería, por tanto, un mensaje político en sí mismo.

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Juan Jose Lopez

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