Christa Pike debía morir.
Recibió dos dosis de pentobarbital durante su ejecución y salió de la prisión en una ambulancia, todavía con vida. Seis días después, cuando incluso se preparaban para retirarle el soporte vital, despertó y comenzó a hablar. El insólito desenlace ha convertido nuevamente en fenómeno internacional un caso criminal que ya había conmocionado a Tennessee hace más de tres décadas.
Este miércoles 7 de octubre, sus abogados informaron que Pike, de 50 años, está consciente, puede hablar de forma limitada y comprende al menos parcialmente lo sucedido. Según su abogado Randy Spivey, sus primeras preguntas al despertar fueron dónde estaba y quiénes eran las personas que la rodeaban.
Pero para comprender por qué su historia ha adquirido semejante dimensión hay que regresar a 1995, al asesinato de Colleen Slemmer, una joven de 19 años.
El crimen que llevó a Christa Pike al corredor de la muerte
Pike tenía 18 años y estudiaba en el Job Corps Center de Knoxville, Tennessee. Allí también estudiaba Slemmer.
El expediente judicial establece que el día anterior al asesinato Pike le dijo a otra estudiante que pretendía matar a Slemmer. La noche siguiente, Pike salió del centro acompañada por su novio, Tadaryl Shipp, otro estudiante y la propia Slemmer. La víctima fue la única que no regresó.
La investigación reconstruyó un ataque extremadamente violento. Pike reconoció haber cortado a Slemmer, golpearla y arrojarle un pedazo de asfalto a la cabeza mientras la víctima pedía que se detuvieran. La autopsia determinó que murió por traumatismos contundentes en la cabeza. En el cuerpo también fue tallado un pentagrama.
Pike incluso contó posteriormente a una amiga que había matado a Slemmer y conservado un fragmento de su cráneo como recuerdo, según recoge la documentación judicial.
Un jurado la declaró culpable de asesinato en primer grado y conspiración para cometer asesinato. En 1996 fue enviada al corredor de la muerte. La condena fue posteriormente confirmada en apelación y por la Corte Suprema de Tennessee.
Una condenada excepcional
El caso ya era estadísticamente extraordinario mucho antes de los acontecimientos de septiembre.
Pike se convirtió en una de las mujeres más jóvenes enviadas al corredor de la muerte estadounidense y permanecía como la única mujer condenada a muerte en Tennessee.
Además, si la ejecución se completaba, Tennessee habría ejecutado a una mujer por primera vez en aproximadamente 200 años. Las ejecuciones de mujeres son también excepcionalmente infrecuentes en Estados Unidos: solo 18 habían sido ejecutadas desde 1976 antes del procedimiento contra Pike, según datos citados por AP.
Su edad cuando cometió el crimen también se convirtió en uno de los argumentos centrales de la defensa.
Los abogados de Pike sostuvieron que durante su juicio no se valoraron suficientemente los abusos sexuales, negligencia y violencia que habría sufrido durante su infancia, además de sus posteriores diagnósticos de trastorno bipolar y estrés postraumático.
Nada de ello eliminaba su responsabilidad por el asesinato —Pike no negó haber matado a Slemmer—, pero la defensa argumentó que esas circunstancias debían impedir que fuera ejecutada.
La madre de Slemmer mantuvo una posición opuesta: defendió el cumplimiento de la sentencia y recordó que su hija tenía apenas 19 años cuando fue asesinada
La ejecución comenzó pese a una suspensión de última hora
El caso tuvo otro giro dramático el 30 de septiembre.
Una corte federal de apelaciones suspendió temporalmente la ejecución mientras examinaba recursos pendientes. Publimetro informó entonces sobre esa decisión.
En contexto: Christa Pike se salva de la inyección letal una hora antes de su ejecución
Pero aquello no fue el final.
La Corte Suprema de Estados Unidos levantó posteriormente la suspensión, permitiendo a Tennessee continuar con el procedimiento esa misma jornada.
Y ahí comenzó la parte del caso que ahora recorre el mundo.
Una ejecución que no terminó en muerte
Pike fue sujetada a la camilla alrededor de las 7:30 p. m. y recibió pentobarbital.
Pocos minutos después levantó la cabeza y manifestó que le dolía un brazo. Posteriormente pareció perder la conciencia y comenzó a respirar de una manera que los testigos describieron como similar a ronquidos. AP News
El protocolo contemplaba una segunda administración si la primera no producía la muerte.
También se la administraron.
Pike siguió respirando.
Durante más de una hora los periodistas que presenciaban el procedimiento continuaron escuchando su respiración. Finalmente, los testigos fueron retirados y una ambulancia llegó a la prisión. AP News
El Departamento de Corrección de Tennessee reconoció esa misma noche que Pike había sido trasladada a un centro médico, aunque sostuvo que se habían seguido todos los pasos establecidos en el protocolo. Contralor
La mujer que debía abandonar la prisión sin vida salió rumbo a un hospital.
¿Cómo pudo sobrevivir?
Esa pregunta todavía no tiene una respuesta oficial definitiva.
Especialistas consultados por AP consideran una posibilidad que los accesos intravenosos no funcionaran correctamente y que parte del pentobarbital terminara acumulándose en los tejidos en vez de circular adecuadamente por la sangre. Sus abogados habían advertido previamente que Pike padecía un trastorno sanguíneo que podía dificultar la colocación de vías intravenosas.
Su defensa afirma que recibió al menos siete pinchazos y que sus brazos terminaron con quemaduras y ampollas. El estado todavía investiga qué falló.
Por eso debe evitarse afirmar por ahora que una determinada falla médica fue la causa de que sobreviviera.
La ejecución de Christa Pike entra en territorio desconocido
Lo verdaderamente inusual llegó después.
Pike permaneció inconsciente y conectada a un ventilador durante varios días. De acuerdo con su abogado, cuando ya se preparaban procedimientos relacionados con la retirada del soporte vital, despertó seis días después del intento de ejecución.
Actualmente puede hablar, aunque su estado continúa siendo delicado.
Sus abogados informaron que no puede mover los brazos ni tragar normalmente, presenta neumonía, un coágulo en un brazo y cierta confusión cognitiva. Su recuperación podría prolongarse durante semanas o meses
El Death Penalty Information Center la considera la primera persona conocida que sobrevive después de recibir las sustancias destinadas a matarla durante una ejecución por inyección letal.
Y el episodio ya tiene consecuencias institucionales.
El gobernador de Tennessee, Bill Lee, suspendió las siguientes ejecuciones y ordenó una investigación independiente. El responsable del sistema penitenciario estatal, Frank Strada, anunció además su renuncia.
Este miércoles, una jueza ordenó además preservar evidencias relacionadas con el procedimiento, incluidos registros, medicamentos, jeringas, vías intravenosas y otros materiales que podrían ayudar a determinar qué ocurrió dentro de la cámara.
¿Pueden intentar ejecutarla otra vez?
Esa es ahora una de las grandes preguntas del caso.
No existe todavía una decisión que establezca que Tennessee volverá a intentar ejecutarla. Sus abogados reclaman que el gobernador conmute la pena de muerte por cadena perpetua y previsiblemente surgirán nuevos litigios sobre las consecuencias constitucionales y médicas de someterla a otro procedimiento.
También podría adquirir importancia su condición neurológica y su eventual competencia mental si el estado intentara fijar otra fecha.
Por ahora, la paradoja que ha convertido el caso en noticia mundial permanece intacta: Christa Pike pasó tres décadas esperando su ejecución, recibió las sustancias destinadas a matarla y sobrevivió.
Y mientras Tennessee intenta determinar qué falló, la mujer que debía convertirse en la primera ejecutada por el estado en dos siglos está nuevamente consciente y hablando.