La Dirección General de Centros Penales confirmó que el recluso Carlos Ernesto Mojica Lechuga, conocido en el mundo criminal bajo el alias de “Viejo Lin”, falleció la noche del miércoles dentro del sistema penitenciario de El Salvador. El histórico cabecilla y uno de los fundadores más visibles de la pandilla 18 en el territorio nacional perdió la vida debido a un fallo multiorgánico derivado de un cuadro médico sumamente adverso. Según los reportes clínicos oficiales emitidos este jueves, el peligroso pandillero padecía de cirrosis hepática avanzada, síndrome hepatorrenal, un severo sangrado digestivo y un probable glioblastoma, que corresponde a un tumor cerebral altamente agresivo.
Mojica Lechuga fue considerado durante las décadas de los 90 y 2000 como uno de los símbolos más representativos del auge y la consolidación de las estructuras delictivas en el país, coordinando actividades de extorsión y delincuencia organizada.

Exlíder de pandilla falleció
La trayectoria delictiva del “Viejo Lin” estuvo estrechamente vinculada a la dirección de una de las facciones más sanguinarias de las pandillas, ordenando homicidios, extorsiones, abusos y el reclutamiento forzado de menores de edad en diversas zonas del país. En el año 2012, el delincuente cobró una enorme notoriedad mediática al fungir como el principal portavoz y negociador de su estructura criminal durante la denominada “Tregua entre pandillas”. Este pacto, impulsado por la administración presidencial de Mauricio Funes, otorgó escandalosos beneficios penitenciarios, privilegios y el ingreso de ilícitos a los centros penales a cambio de una reducción temporal en los índices de homicidios en las calles salvadoreñas.
Con el deceso del reo, las autoridades penitenciarias de El Salvador y los médicos forenses procedieron a realizar los trámites legales de rigor en San Salvador. La noticia de su fallecimiento ha generado una ola de comentarios en redes sociales, donde la población recordó las décadas de zozobra que causó su organización terrorista en los barrios y colonias de la capital. La muerte de este cabecilla histórico marca formalmente el fin de uno de los rostros de la vieja gobernanza criminal que por años operó desde el interior de las prisiones con total impunidad.