Antes de TikTok, antes de los reels, antes de que ser creador de contenido fuera una profesión y mucho antes de que los streamers transmitieran durante horas frente a miles de personas, The King Flyp ya había descubierto el poder —y también la crueldad— de internet.
Era 2010.
Marvin Ulises Martínez León, un joven originario de San Francisco Gotera, Morazán, quería hacer música urbana y darse a conocer. Tenía ambición, canciones y ganas de aparecer frente a una cámara.
Lo que no tenía era una gran producción.
The King Flyp procesado por amenazas de muerte, otra acusación para su historial
Entonces apareció “Abandonado”.
El videoclip estaba grabado con recursos mínimos, con una calidad de imagen muy limitada y una puesta en escena sencilla. Visto desde 2026, parece casi una cápsula del tiempo de aquella primera internet salvadoreña: antes de los teléfonos con cámaras profesionales, de la edición automática y de los contenidos pensados desde el inicio para hacerse virales.
Y precisamente ese video terminó haciéndolo famoso.
El viral que llegó antes de la industria del viral
“Abandonado” comenzó a circular en YouTube y provocó una reacción inmediata.
Hubo curiosidad.
Hubo seguidores.
Y también hubo burlas.
La calidad del video, la producción, su estilo y hasta la forma de interpretar fueron motivo de comentarios y parodias. Pero ocurrió algo que años después se convertiría en una de las reglas básicas de internet: cada burla también era una reproducción.
La gente entraba a verlo porque alguien se lo recomendaba, porque quería saber de qué se estaban riendo o porque simplemente quería comprobar quién era ese joven de Morazán que comenzaba a aparecer en todas partes.
En pocas semanas, “Abandonado” acumuló cientos de miles de reproducciones, una cifra particularmente llamativa para un artista salvadoreño independiente en 2010.
The King Flyp había logrado hacerse viral en una época en la que todavía no existía una maquinaria diseñada para fabricar virales.
Después llegó “Terremoto”
Con la atención puesta sobre él, Martínez aprovechó el momento.
Poco después aparecieron canciones como “Terremoto” e “Hipocresía”, que ayudaron a consolidar su personaje y demostraron que no pensaba quedarse únicamente como “el muchacho del video”.
“Terremoto” terminó convirtiéndose en una de sus canciones más recordadas y reforzó su presencia en medios, conciertos y programas de televisión.
Ese mismo año comenzó a recibir invitaciones, entrevistas y oportunidades que pocos meses antes parecían lejanas.
El muchacho que había grabado un videoclip rudimentario pasó a presentarse frente a públicos numerosos y a compartir escenario con artistas internacionales.
La televisión convirtió el fenómeno en espectáculo
La televisión salvadoreña entendió rápidamente que allí había un personaje.
The King Flyp tenía casi todo lo que necesitaba un reality: una historia humilde, fama repentina, detractores, seguidores y una carrera que estaba cambiando públicamente.
Canal 21 llevó su historia a la pantalla en un formato de reality show, convirtiéndolo en uno de esos primeros personajes salvadoreños nacidos en internet y luego absorbidos por los medios tradicionales.
Era una transición muy distinta a la actual.
Hoy un creador puede pasar de TikTok a un podcast, de ahí a Twitch o YouTube Live y después a televisión.
En 2010, la ruta todavía era al revés: internet llamaba la atención de la televisión y la televisión terminaba validando al personaje.
The King Flyp estuvo justo en medio de ese cambio.
De la cámara que lo exhibió a la cámara que aprendió a dominar
El detalle más interesante de su historia quizás no sea que aquel video tuviera una calidad muy pobre.
Es lo que ocurrió después.
Martínez continuó apareciendo frente a cámaras.
Con el paso de los años fue aprendiendo a moverse dentro de ese lenguaje visual que al principio parecía jugar en su contra.
El mismo hombre que fue ridiculizado por la factura técnica de un videoclip terminó convirtiendo la cámara en una de sus herramientas principales.
No porque se transformara en productor audiovisual ni porque pasara a competir por la mejor cinematografía, sino porque aprendió a dominar su presencia frente a ella.
Sabe cuándo hablar.
Sabe cómo reaccionar.
Sabe cómo convertir una conversación en contenido.
Y, sobre todo, entendió algo que muchos artistas tradicionales tuvieron que aprender después: en las plataformas digitales la personalidad puede ser tan importante como la canción.
El artista siguió mientras el personaje crecía
La viralidad no reemplazó por completo su carrera musical.
Martínez continuó grabando canciones y publicando producciones como “El núcleo”, “Humildad”, “The King is Back” y “Gladiador”.
También consolidó una frase que terminó acompañándolo como marca personal:
“Desde Morazán, papá”.
El origen se convirtió en parte del personaje.
No escondió que venía del oriente del país ni intentó borrar la precariedad de sus comienzos. Al contrario, hizo de esa procedencia uno de los elementos más reconocibles de su identidad pública.
En 2020 volvió a conseguir notoriedad con “Mi tierra”, canción dedicada a El Salvador que acumuló millones de reproducciones.
Ese mismo año hizo algo especialmente simbólico: lanzó una nueva versión de “Abandonado”.
Diez años después, volvió a la canción que lo había presentado ante el país, pero ahora con otra producción, otra imagen y otra experiencia frente a cámara.
Era prácticamente una comparación entre dos etapas de su propia vida.
Una carrera hecha también de exposición
Con los años, The King Flyp dejó de aparecer únicamente por su música.
Su vida personal, sus opiniones, sus accidentes y sus problemas judiciales también comenzaron a ocupar espacios en medios y redes.
En 2021 fue acusado de violación y permaneció detenido mientras avanzó el proceso. En mayo de 2022, el Tribunal Primero de Sentencia de San Salvador lo absolvió, luego de considerar insuficiente la prueba presentada.
En 2025 volvió a enfrentar un proceso judicial, esta vez por expresiones de violencia contra las mujeres. El expediente pasó a etapa de instrucción y quedó bajo reserva.
Y en septiembre de 2026 fue detenido después de que una persona denunciara que Martínez la había amenazado de muerte durante una discusión. La Fiscalía lo acusó por amenazas y el Juzgado Octavo de Paz de San Salvador autorizó un procedimiento sumario con medidas sustitutivas.
Son casos diferentes y deben entenderse de forma independiente.
Una acusación no equivale a una condena y el proceso de 2021 terminó con absolución.
Pero todos forman parte de algo que también caracteriza su vida pública: The King Flyp rara vez ha desaparecido por completo de la conversación.
Entre realities, entrevistas y livestreaming
Con el crecimiento de los contenidos digitales, Martínez encontró un terreno particularmente favorable.
Ya no necesitaba esperar a que un canal de televisión decidiera entrevistarlo.
La conversación podía ocurrir directamente frente a una cámara y transmitirse en redes.
Ha participado en programas digitales, entrevistas, podcasts y espacios de entretenimiento donde el atractivo ya no depende exclusivamente de cantar.
En formatos como “El Retén”, por ejemplo, mostró una faceta mucho más conversacional: habló de su infancia, de la muerte de su madre, de su carrera y de episodios personales.
Ese tipo de contenido permite entender mejor su transformación.
El The King Flyp de 2010 era un joven intentando llamar la atención frente a una cámara.
El de 2026 ya sabe qué hacer cuando la cámara se enciende.
El reconocimiento después de las burlas
En 2024, los Premios Música 503 le entregaron el reconocimiento Trayectoria Nueva Generación.
La escena tenía algo de revancha.
Catorce años antes, buena parte del país había conocido su nombre porque un video de mala calidad se había convertido en motivo de conversación.
Ahora recibía un reconocimiento precisamente por mantenerse dentro de la música urbana salvadoreña.
No necesariamente como el artista de mayores números ni como la figura más influyente de su generación, sino por una cualidad difícil de ignorar:
haber permanecido.
Del video borroso al vivo
La historia pública de The King Flyp puede contarse a través de dos cámaras.
La primera es aquella que registró “Abandonado”.
Imagen pobre, producción mínima y un artista que todavía no sabía que miles de personas terminarían observándolo.
La segunda es la cámara actual.
La de los teléfonos de alta gama, los podcasts, Instagram, TikTok, YouTube y las transmisiones en vivo.
Entre una y otra pasaron dieciséis años.
También cambió el internet.
The King Flyp “negociaría” noviazgo de su hija cuando sea adulta, ¿broma incómoda?
Cambió la música.
Cambió la manera de hacerse famoso.
Y cambió él.
La cámara que primero dejó al descubierto sus limitaciones terminó convirtiéndose en un espacio que aprendió a manejar.
Por eso quizá su historia no sea únicamente la de un cantante que sobrevivió a un viral.
Es también la historia de alguien que aprendió públicamente a usar el mismo medio que primero lo puso en evidencia.
De aquel video de malísima calidad al dominio del livestreaming, The King Flyp ha recorrido prácticamente toda la evolución del entretenimiento digital salvadoreño frente a nuestros ojos.