En el exigente terreno montañoso de la Mixteca Alta, en Oaxaca, la historia de Ester Zárate ha trascendido las fronteras del deporte para convertirse en un símbolo de orgullo y resiliencia. La corredora, originaria de San Buenavista Amoltepec, se coronó ganadora de su categoría en el Trail de las Culturas Tlaxiaco, tras completar un recorrido de 14 kilómetros bajo condiciones que desafían cualquier estándar deportivo convencional: lo hizo completamente descalza y vistiendo su indumentaria tradicional mixteca.
Lejos de los tenis de alta tecnología y las telas sintéticas de los corredores de élite, Zárate cruzó la meta portando con orgullo sus enaguas blancas, su camisa bordada y su rebozo. Las imágenes de su llegada, llenas de fuerza y determinación, no tardaron en hacerse virales en redes sociales, convirtiéndola en un referente inmediato de la capacidad atlética que emana de los pueblos originarios de México.
La fuerza de una tradición

Para Ester Zárate, el triunfo en Tlaxiaco no es solo una medalla más en su trayectoria; es un acto de reafirmación cultural. “Cada paso que di en la montaña fue por mi familia y por mi pueblo. La fuerza no sólo viene de las piernas, sino del corazón y de nuestras raíces”, habría declarado la corredora tras su victoria, según reportes de medios locales.
No es la primera vez que la atleta mixteca desafía los caminos con su vestimenta tradicional. En marzo de 2026, ya había dejado una marca indeleble al ganar otra ruta de 14 kilómetros en la Nación Triqui, Santa Cruz Río Venado. En aquella ocasión, al igual que en Tlaxiaco, demostró que la técnica y la resistencia pueden estar profundamente conectadas con la identidad y el respeto por las costumbres heredadas de sus ancestros.
Un fenómeno de resistencia de los pueblos originarios
La hazaña de Zárate resuena con fuerza al compararse con otras historias de atletas de pueblos originarios, como las corredoras rarámuri, quienes han demostrado históricamente que la conexión con la tierra y el uso de vestimenta tradicional no son obstáculos, sino vehículos de resistencia.
El Trail de las Culturas, un evento que busca precisamente vincular el deporte con la historia de la región, encontró en Ester a su mejor embajadora. Mientras la comunidad atlética mexicana celebra su victoria, Zárate ya es vista como un ejemplo de cómo los deportistas de los pueblos originarios están reclamando su espacio en las justas de resistencia, recordándole al mundo que la verdadera potencia atlética suele hallarse en la esencia y el respeto a las tradiciones más profundas de nuestra tierra.