Una persona camina tranquilamente por la calle cuando, de pronto, escucha que alguien a su lado parece expulsar un gas intestinal. La reacción puede ser inmediata: sorpresa, una mirada de incredulidad y, en algunos casos, una carcajada difícil de contener.
Esa es precisamente la situación que recrea una broma de cámara escondida en la que un hombre aparenta expulsar gases frente a desconocidos. Pero el protagonista lleva la actuación un poco más lejos: también simula haber sufrido un accidente intestinal, aumentando la incomodidad y las reacciones de quienes lo observan.
Aunque las imágenes pueden resultar graciosas para algunos espectadores, plantean una pregunta interesante: ¿por qué nos reímos de algo tan natural como expulsar gases?
La respuesta no está únicamente en el sonido ni en la vergüenza del protagonista. La psicología ofrece explicaciones relacionadas con las normas sociales, las situaciones inesperadas y la manera en que compartimos la risa.
Cuando algo normal ocurre en el momento menos esperado
Expulsar gases es una función natural del sistema digestivo. Sin embargo, hacerlo de manera sonora frente a desconocidos puede romper una regla de comportamiento que aprendemos desde pequeños: ciertas funciones corporales deben mantenerse en privado.
Ahí comienza una de las posibles explicaciones del humor.
Los investigadores A. Peter McGraw y Caleb Warren desarrollaron la llamada teoría de la violación benigna, presentada en un estudio publicado en 2010 en la revista científica Psychological Science.
Según esta propuesta, algunas situaciones nos resultan graciosas cuando rompen una norma o expectativa, pero al mismo tiempo las percibimos como relativamente inofensivas.
En otras palabras, algo parece estar fuera de lugar, pero no necesariamente representa un peligro.
Eso puede ocurrir cuando una persona expulsa gases en un sitio público: el comportamiento contradice lo que socialmente esperamos, aunque el episodio puede interpretarse como un accidente sin mayores consecuencias.
La combinación entre sorpresa y una transgresión aparentemente inofensiva ayuda a explicar por qué algunos testigos reaccionan con una sonrisa y otros con carcajadas.
¿Y si además parece que sufrió un accidente intestinal?
La broma adquiere otra dimensión cuando el protagonista aparenta haberse defecado.
El supuesto accidente aumenta la tensión de la escena y también puede modificar la reacción de los presentes.
Algunas personas podrían encontrar graciosa la exageración, mientras que otras experimentarían incomodidad, asco o preocupación.
Esto se debe a que el humor no depende solamente de lo que ocurre, sino de cómo interpreta cada persona lo sucedido.
Si alguien cree que presencia un problema de salud real, probablemente su respuesta sea distinta a la de quien reconoce una actuación cómica.
De hecho, McGraw y sus colaboradores han explicado que una misma situación puede resultar divertida para una persona y ofensiva o desagradable para otra, dependiendo de cómo perciba la transgresión.
La risa también se contagia
Otro elemento interesante aparece cuando varias personas presencian una situación inesperada.
¿Has notado que a veces alguien comienza a reírse y los demás terminan haciendo lo mismo, incluso sin haber comprendido completamente qué ocurrió?
La risa tiene un importante componente social.
El psicólogo Robert Provine, reconocido por sus investigaciones sobre esta conducta, encontró que las personas tienen muchas más probabilidades de reír cuando están acompañadas que cuando permanecen solas.
Investigaciones posteriores han retomado sus hallazgos y destacado que la risa puede servir para establecer vínculos, expresar complicidad y facilitar las interacciones humanas.
Por eso, en una situación como la que presenta la cámara escondida, una carcajada puede estimular las risas de otros testigos.
No necesariamente todos encuentran igual de gracioso el supuesto gas intestinal. Algunos podrían reír por sorpresa, otros por nerviosismo y otros simplemente por observar las reacciones ajenas.
¿Nos reímos del gas o de la vergüenza?
La diferencia resulta importante.
Cuando alguien expulsa gases frente a desconocidos, el sonido puede provocar una reacción inicial. Sin embargo, la situación podría volverse más cómica si esa persona mira nerviosamente a su alrededor, intenta disimular o aparenta estar profundamente avergonzada.
En ese momento, la atención deja de concentrarse exclusivamente en la función corporal y se traslada al comportamiento humano.
La vergüenza, los intentos por ocultar lo sucedido y las expresiones de sorpresa pueden convertirse en parte del humor.
No obstante, reírse ante una situación incómoda no significa necesariamente disfrutar del sufrimiento ajeno. La risa también puede aparecer como respuesta nerviosa o como una forma de aliviar la tensión.
Entonces, ¿por qué no todos se ríen?
Porque el sentido del humor no es universal.
La educación, las costumbres culturales, la sensibilidad al asco, el contexto y las experiencias personales influyen en lo que cada individuo considera gracioso.
Una flatulencia sonora puede provocar carcajadas entre amigos, pero generar incomodidad durante una reunión formal.
Del mismo modo, una broma que parece inocente para algunos puede resultar humillante para otros.
La propia teoría de la violación benigna ayuda a comprender esa diferencia: cuando la situación deja de percibirse como inofensiva, también puede desaparecer su carácter cómico.
Algo completamente natural que puede terminar en carcajadas
Al final, la explicación tiene una curiosa contradicción.
Expulsar gases es una función biológica completamente normal, pero hacerlo públicamente puede desencadenar reacciones extraordinarias.
La psicología sugiere que las carcajadas no provienen necesariamente del gas intestinal, sino de una combinación de sorpresa, normas sociales, incomodidad y percepción del humor.
Así, una broma aparentemente simple puede revelar algo sobre nuestro comportamiento: a veces no nos reímos de lo que sucede, sino de lo inesperado que resulta verlo suceder frente a los demás.