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Salud

Salud mental y cultura: El peso del contexto en el diagnóstico

La percepción de la salud mental depende profundamente del contexto cultural y social de cada individuo.

Expertos analizan cómo la percepción de la normalidad varía según las fronteras, desafiando los estándares globales de la psiquiatría y el diagnóstico cultural. Foto: Ilustración.
Expertos analizan cómo la percepción de la normalidad varía según las fronteras, desafiando los estándares globales de la psiquiatría y el diagnóstico cultural. Foto: Ilustración.
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Por Franco López |

La salud mental no es una ciencia aislada de la sociedad; por el contrario, lo que se define como un trastorno en una nación puede ser visto como una conducta adaptativa o incluso sagrada en otra. Este fenómeno revela que el contexto cultural es determinante al momento de diagnosticar patologías. Mientras que en las sociedades occidentales la autonomía y la productividad son pilares de la “salud”, en culturas colectivistas el bienestar se mide por la armonía grupal y la conexión espiritual.

Investigaciones recientes sugieren que exportar manuales diagnósticos estandarizados, como el DSM-5, a entornos no occidentales puede llevar a diagnósticos erróneos o a la patologización de rituales y costumbres locales. La ciencia subraya que el cerebro no funciona en el vacío; las redes neuronales se moldean bajo el contexto de las normas sociales y las expectativas comunitarias, lo que obliga a los profesionales a adoptar una mirada más antropológica y menos rígida al evaluar el sufrimiento psíquico.

Normalidad según el contexto

Un ejemplo claro es el manejo del duelo o la comunicación con los ancestros, prácticas que en ciertos países se consideran síntomas psicóticos, pero que en su contexto original son herramientas de resiliencia emocional. Los especialistas advierten que la “globalización del trauma” ha ignorado a menudo los mecanismos locales de curación, imponiendo terapias que no siempre resuenan con la cosmovisión del paciente.

Por ello, la psiquiatría cultural propone que el tratamiento debe ser una negociación entre el conocimiento médico y la realidad vivida del individuo en su entorno específico. Entender que el contexto define la frontera entre la cordura y la enfermedad es un paso crucial para una medicina más humana.

No se trata de negar la existencia de los trastornos biológicos, sino de reconocer que la expresión del malestar siempre estará teñida por los valores y el lenguaje de la comunidad a la que se pertenece. Solo a través de esta sensibilidad cultural se podrá ofrecer un apoyo terapéutico que sea verdaderamente efectivo y respetuoso con la diversidad de la experiencia humana.

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Franco López

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