No era oro, tampoco una joya ni una pieza de colección. Era café salvadoreño.
Y una sola libra alcanzó los $55.20 en una subasta internacional celebrada este año, una cifra que colocó al producto nacional entre los cafés más cotizados de la competencia.
El protagonista fue un Geisha natural anaeróbico de la finca San Andrés, producido por José Alfredo Recinos Díaz en la región cafetalera de Alotepec-Metapán.
El café participó en la edición 2026 de Taza de Excelencia, una de las competencias y subastas más reconocidas del mundo de los cafés especiales.
Más de $15,000 por un lote de café
El lote estaba compuesto por 280 libras.
Al alcanzar un precio de $55.20 por libra, su valor total llegó a $15,456, según los resultados oficiales de la subasta de Taza de Excelencia 2026. El comprador fue GLITCH COFFEE & ROASTERS by Marukai.
El precio fue el más alto registrado en la subasta salvadoreña de este año.
Y hay un dato que ayuda a poner la cifra en perspectiva: el precio promedio de todos los lotes vendidos en la subasta fue de aproximadamente $23.30 por libra.
Es decir, este café salvadoreño se vendió por más del doble de ese promedio.
¿Qué tenía de especial ese café?
No se trataba de un café cualquiera.
El lote de San Andrés obtuvo 90.55 puntos y ganó la categoría de cafés experimentales de la competencia nacional.
Además, fue procesado mediante un método natural anaeróbico, una técnica en la que el café fermenta en condiciones controladas y con poco o nada de oxígeno antes del secado.
Este tipo de procesos puede intensificar aromas, sabores frutales y otras características que los compradores de café de especialidad buscan y están dispuestos a pagar a precios elevados.
La edición 2026 de Taza de Excelencia también dejó otros resultados importantes para El Salvador.
Fincas ubicadas en Santa Ana encabezaron distintas categorías, mientras que la subasta completa generó más de $384,000 en ventas.
Una taza de café que vale mucho más que lo habitual
El precio de $55.20 corresponde al valor de una libra de café verde en subasta, no al precio de una taza servida en una cafetería.
Pero el dato permite dimensionar cuánto pueden llegar a valer los lotes excepcionales cuando calidad, variedad, proceso y demanda internacional se combinan.
Y en el Día Internacional del Café, que se celebra cada 1 de octubre, la historia sirve para recordar que detrás de una taza hay mucho más que una bebida: hay productores, fincas, procesos y un mercado internacional capaz de pagar cifras que sorprenden incluso antes de preparar el primer espresso.
En este caso, no era oro.
Pero por el precio, casi lo parecía.