El 22 de febrero se ha consolidado como una fecha emblemática en la lucha contra el crimen organizado en México. Con doce años de diferencia, dos de los líderes más poderosos del narcotráfico fueron capturados en operativos federales de alto impacto: Joaquín Guzmán Loera, conocido como “El Chapo”, y Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”.
El 22 de febrero de 2014 culminaron trece años de persecución contra el entonces líder del Cártel de Sinaloa. Elementos de la Secretaría de Marina, en coordinación con la Drug Enforcement Administration (DEA), ejecutaron un operativo al amanecer en el condominio Miramar, en Mazatlán, Sinaloa.
Tras labores de inteligencia basadas en detenciones e interrogatorios a personas cercanas al capo, 24 efectivos ingresaron al inmueble y encontraron a Guzmán Loera acompañado de su esposa, Emma Coronel Aispuro, sus hijas gemelas y una niñera. La captura fue rápida y sin disparos.
El entonces presidente Enrique Peña Nieto reconoció públicamente la labor de las fuerzas de seguridad. Guzmán fue trasladado al penal federal del Altiplano, en Almoloya de Juárez, en un operativo que destacó por su precisión, cooperación internacional y ausencia de violencia.
En contraste, el 22 de febrero en que fue ubicado “El Mencho” en Tapalpa, Jalisco, el escenario fue radicalmente distinto. Líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Oseguera Cervantes fue localizado mediante inteligencia militar y cooperación con agencias estadounidenses.
La operación, encabezada por la Secretaría de la Defensa Nacional, incluyó aeronaves de la Fuerza Aérea Mexicana, fuerzas especiales de la Guardia Nacional y apoyo de la Fiscalía General de la República y el Centro Nacional de Inteligencia.
A diferencia de 2014, el operativo derivó en un enfrentamiento armado. Siete presuntos integrantes del CJNG fueron abatidos y dos más detenidos. “El Mencho” resultó gravemente herido y falleció durante su traslado aéreo a la Ciudad de México. Las fuerzas federales aseguraron armas de alto calibre, vehículos blindados y lanzacohetes, mientras que tres soldados resultaron lesionados.
La comparación entre ambos operativos evidencia la evolución de las estrategias del Estado mexicano frente al narcotráfico. La captura de “El Chapo” fue un golpe quirúrgico, ejecutado sin violencia y con un despliegue limitado pero eficaz. En cambio, la acción contra “El Mencho” reflejó un contexto de mayor confrontación armada, con participación ampliada de instituciones federales y un poder de fuego considerable por parte del grupo criminal.
Así, el 22 de febrero no solo marca la caída de dos figuras centrales del narcotráfico en México, sino también dos momentos distintos en la dinámica de seguridad nacional y cooperación internacional.