Ronald A. Hicks, conocido cariñosamente en El Salvador como el “Padre Ron”, hizo historia este 6 de febrero al ser instalado como el 11.º arzobispo de Nueva York en la Catedral de San Patricio. Su nombramiento, realizado por el papa León XIV, resuena con fuerza en Texistepeque, Santa Ana, donde Hicks sirvió entre 2005 y 2010 como director regional de Nuestros Pequeños Hermanos (NPH).
Durante su estancia en el país, el “Padre Ron” se integró plenamente a la comunidad: construyó una capilla, aprendió tradiciones locales y guio espiritualmente a cientos de niños y jóvenes vulnerables. Su liderazgo en Centroamérica, caracterizado por la humildad y cercanía, marcó su vocación pastoral que ahora lo lleva a liderar una arquidiócesis de 2.5 millones de católicos.
Legado del Padre Ron
En su ceremonia de instalación, se incluyeron lecturas y cantos en español como un homenaje a la comunidad salvadoreña que lo vio crecer ministerialmente. El legado del “Padre Ron” permanece vivo en Texistepeque, donde la “Casa Padre Ron” sigue siendo un símbolo de su servicio sin fronteras.
El ascenso del “Padre Ron” es celebrado con orgullo por exbeneficiarios de NPH y habitantes de Texistepeque, quienes recuerdan su despedida en 2010 como un momento de gran emotividad. Hicks ha prometido mantener el vínculo con el país, asegurando que existen “muchos vuelos directos” para seguir visitando a su familia salvadoreña.
En su nuevo rol en Nueva York, el “Padre Ron” enfrentará el desafío de integrar a las comunidades migrantes bajo un estilo pastoral de puertas abiertas. Su experiencia viviendo la realidad centroamericana será clave para su gestión en una de las ciudades más diversas del mundo.
Su fe en movimiento seguirá inspirando a quienes lo conocieron en las aulas y calles de Texistepeque, donde su paso dejó una huella profunda entre niños, jóvenes y familias que hoy celebran su llegada a la arquidiócesis neoyorquina.