Pharrell Williams vuelve a estar en el radar musical por su trabajo como productor ejecutivo de QRÖMELIFE, el nuevo álbum de Quavo. Pero mucho antes de esta colaboración, el músico construyó una carrera que lo llevó de producir éxitos para otras estrellas a conquistar el mundo con “Happy” y protagonizar una histórica disputa por derechos de autor alrededor de “Blurred Lines”.
Pharrell impulsa la nueva era de Quavo con “QRÖMELIFE”
Durante años, Pharrell fue uno de esos nombres que aparecían detrás de canciones enormes incluso cuando su rostro no era necesariamente el centro de atención. Como solista y como integrante del dúo de producción The Neptunes, participó en trabajos para artistas como Britney Spears, Snoop Dogg, Gwen Stefani, Nelly, Jay-Z y Justin Timberlake. La propia Academia de Hollywood lo describía ya en 2014 como una figura clave detrás de una larga lista de éxitos.
Entonces llegó una racha difícil de repetir.
En 2013, su voz apareció en “Get Lucky”, de Daft Punk junto a Nile Rodgers. La canción ganó el Grammy a Grabación del Año y Mejor Interpretación Pop de Dúo o Grupo en 2014. Pharrell también obtuvo ese año el Grammy como Productor del Año, categoría no clásica. Grammy
Pero aquel mismo período también produjo otra canción que terminaría teniendo consecuencias muy distintas.
Pharrell y el fenómeno mundial llamado “Happy”
Si existe una canción capaz de presentar a Pharrell ante prácticamente cualquier generación, probablemente sea “Happy”.
El tema fue escrito y producido para la película animada Despicable Me 2 y posteriormente formó parte de G I R L, su segundo álbum de estudio. La canción fue nominada al Óscar a mejor canción original en 2014, aunque el premio terminó en manos de “Let It Go”, de Frozen.
Su impacto comercial fue todavía mayor.
La Federación Internacional de la Industria Fonográfica, IFPI, colocó a “Happy” como el sencillo digital más vendido del mundo en 2014, con aproximadamente 13.9 millones de unidades entre descargas y equivalentes de streaming. El reporte señala que alcanzó el número uno en más de 20 países, incluidos Estados Unidos, Reino Unido y Canadá.
En Reino Unido también terminó como el sencillo más vendido de 2014, con alrededor de 1.5 millones de copias físicas y digitales en ese mercado.
La canción prolongó además su recorrido en los Grammy: en 2015, Pharrell ganó Mejor Interpretación Pop Solista con una versión en vivo de “Happy”. Aquella noche obtuvo tres premios.
El resultado fue una canción que trascendió al propio filme para el que había sido creada y quedó asociada directamente con su nombre.
“Blurred Lines”: éxito enorme, problema enorme
Justo antes de que “Happy” terminara de conquistar el mundo, Pharrell había participado en otro fenómeno comercial: “Blurred Lines”, de Robin Thicke, junto a T.I.
Pharrell fue compositor y productor del tema, que se convirtió en el sencillo digital más vendido del mundo en 2013. Según los datos de IFPI recogidos por Guinness World Records, alcanzó alrededor de 14.8 millones de unidades digitales durante aquel año.
Pero el éxito terminó en los tribunales.
Pharrell y Robin Thicke iniciaron una acción judicial buscando que se declarara que “Blurred Lines” no infringía derechos de autor. Los herederos de Marvin Gaye contraatacaron, sosteniendo que la composición vulneraba los derechos de “Got to Give It Up”, publicada por Gaye en 1977.
Después de un juicio, un jurado determinó que existía infracción. La sentencia de 2015 estableció US$3.18 millones en daños, responsabilidad conjunta de varios demandados; además fijó beneficios atribuibles a la infracción por unos US$1.76 millones contra Robin Thicke y US$357,630.96 contra Pharrell Williams y su empresa editorial. El tribunal también estableció una regalía del 50 % sobre determinados ingresos futuros de composición y publicación generados por “Blurred Lines”.
El caso llegó después a la Corte de Apelaciones del Noveno Circuito, que en 2018 mantuvo en lo esencial el veredicto de infracción.
Aquella disputa se convirtió en mucho más que un pleito entre músicos: provocó una discusión dentro de la industria acerca de hasta dónde puede llegar la protección del copyright cuando dos canciones comparten determinados elementos de estilo, ritmo o sensación musical.
Y existe una paradoja difícil de ignorar: “Blurred Lines” fue uno de los mayores éxitos comerciales asociados a Pharrell y, al mismo tiempo, la canción que lo metió en una de las batallas legales más importantes de su carrera.