Un Congreso, controles de seguridad, diputados, policías y uno de los recintos institucionales más importantes de Europa. El último lugar donde cualquiera imaginaría un incidente con gas pimienta.
Pero ocurrió en España.
La diputada Ana Belén Vázquez Blanco, del Partido Popular (PP), llevó un bote de gas pimienta al Congreso de los Diputados y lo mostró desde su escaño durante la sesión de control al Gobierno del miércoles 23 de septiembre.
La escena terminó con la parlamentaria obligada a abandonar el hemiciclo y, horas después, con 12 personas atendidas por los servicios médicos, dependencias precintadas y hasta alimentos de uno de los comedores enviados a la basura por los efectos del gas.
¿Por qué estaba “armada” la diputada?
Las comillas importan.
Fue la presidenta del Congreso, Francina Armengol, quien calificó como “arma” el bote que Vázquez había mostrado ante los demás diputados.
Vázquez utilizó el espray durante una intervención dirigida al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en la que denunciaba la situación de inseguridad que, según sostuvo, viven mujeres y menores en Ceuta.
Armengol interrumpió posteriormente la sesión para llamarla al orden.
La presidenta de la Cámara invocó el artículo 101 del Reglamento del Congreso y sostuvo que el gas pimienta mostrado por la parlamentaria estaba considerado un arma.
“Le ruego que salga del hemiciclo”, le ordenó mientras desde los escaños se escuchaban protestas.
Vázquez se resistió inicialmente a abandonar la sala y cuestionó la consideración del espray como arma. Después de una segunda llamada al orden, finalmente salió del hemiciclo.
Pero la expulsión apenas era el comienzo
Hasta ese momento podía parecer simplemente otra bronca política dentro de un parlamento.
Entonces llegó el gas.
Tras abandonar el pleno, Vázquez entregó el bote a un trabajador de su grupo parlamentario. Según la explicación proporcionada posteriormente por el PP, la diputada le pidió que lo limpiara ante la posibilidad de que todavía tuviera restos.
El trabajador reconoció después que llevó el espray a un baño y lo accionó.
Todavía quedaba gas.
Lo que siguió convirtió una disputa parlamentaria en un incidente difícil de concebir dentro de una institución de ese nivel.
Varias dependencias tuvieron que ser precintadas mientras el gas se propagaba. Los servicios médicos del Congreso atendieron a 12 personas, principalmente por molestias en ojos y nariz.
Una visitante que formaba parte de una delegación de Mauritania presentó vómitos y problemas respiratorios, mientras que una funcionaria del Congreso acudió a la Policía para presentar una denuncia.
El incidente alcanzó incluso uno de los comedores.
Los alimentos tuvieron que ser desechados como consecuencia de la contaminación provocada por el gas.
El bote que supuestamente estaba vacío
Hay otro detalle que hizo todavía más insólita la historia.
Después de abandonar el hemiciclo, Vázquez había defendido públicamente que el bote que mostró estaba vacío.
Sin embargo, el trabajador del PP explicó posteriormente que, cuando intentó limpiarlo, accionó el pulverizador y salió gas.
La situación obligó a intervenir a la Policía del Congreso y abrió interrogantes sobre cómo el recipiente había ingresado al recinto y qué responsabilidades podían derivarse del episodio.
Este jueves 24 de septiembre, el Congreso todavía esperaba los informes policiales y jurídicos para determinar si corresponden sanciones por lo sucedido.
¿Es realmente un arma?
El punto que desató el enfrentamiento entre Vázquez y Armengol también tiene una explicación normativa.
Los pulverizadores de defensa personal están regulados por el Reglamento de Armas español, aunque determinados modelos homologados pueden ser adquiridos legalmente en armerías por mayores de edad.
Por otra parte, el artículo 101 del Reglamento del Congreso contempla consecuencias para un diputado que porte armas dentro del recinto parlamentario. Ese fue el argumento empleado por Armengol para ordenar la salida de Vázquez.
Por eso, el calificativo de diputada “armada” que encabeza esta historia parte precisamente de la consideración expresada por la presidenta del Congreso durante aquella extraordinaria sesión.
Lo que comenzó como un recurso de la diputada para reforzar un discurso sobre inseguridad terminó convirtiéndose en noticia por sí mismo: gas pimienta dentro del Congreso español, una parlamentaria fuera del hemiciclo y 12 personas atendidas.
Una sucesión de acontecimientos bastante difícil de imaginar en la sede donde se elaboran las leyes de una de las principales democracias europeas.