Cada año, el potente canto de las chicharras (familia Cicadidae) marca el preludio de la Semana Santa en El Salvador, alimentando mitos sobre su origen religioso. Sin embargo, biólogos de la Universidad de El Salvador (UES) aclaran que este suceso es un fenómeno biológico estrictamente ligado al clima.
Según el investigador José Nilton Menjívar, las ninfas emergen del suelo cuando las primeras lluvias humedecen la tierra, permitiéndoles abandonar su refugio subterráneo donde han permanecido, en algunos casos, hasta 17 años. El estridente sonido, comparable al volumen de un concierto, es producido exclusivamente por los machos para atraer a las hembras durante su breve etapa adulta, que dura entre dos y cuatro semanas.
Mitos sobre las chicharras
A pesar de su apariencia robusta y alas translúcidas, estos insectos son inofensivos: no pican, no muerden ni dañan los cultivos. Mientras en Asia simbolizan la resurrección, en el territorio salvadoreño su canto sigue siendo la señal inconfundible de que la transición estacional ha comenzado, recordándonos la compleja y paciente vida que late bajo nuestros pies.
Vida subterránea: Pueden pasar casi dos décadas alimentándose de raíces antes de ver la luz. Potencia acústica: Poseen uno de los cantos más ruidosos del reino animal. Inofensivas: Son totalmente seguras para los humanos y la agricultura. Coincidencia: Su aparición con la época religiosa es puramente climática.
Detalles técnicos:
- Nombre Científico: Familia Cicadidae.
- Morfología: Ojos compuestos, tres ocelos y alas translúcidas.
- Función del Canto: Cortejo reproductivo (exclusivo del macho).