En los barrios de Lima y el Callao, la violencia impuesta por el crimen organizado ha dado pie a una inusual forma de despedida: velorios que sustituyen el silencio por el reguetón. Liderados por artistas como “El Cangri del Callao”, estos rituales buscan convertir el dolor en energía positiva, celebrando la vida del difunto con bailes y cánticos urbanos alrededor del féretro. Esta práctica surge en un contexto crítico, donde la tasa de homicidios en Perú alcanzó los 10.7 por cada 100,000 habitantes en 2025, lo que representa un aumento del 29% respecto a 2021.
La expansión de delitos como la extorsión, que creció un 60% entre 2022 y 2025, ha normalizado la muerte abrupta en sectores vulnerables. Mientras la policía enfrenta limitaciones logísticas y de personal, los velorios con reguetón se consolidan como una válvula de escape para familias que buscan honrar a sus seres queridos —sean víctimas inocentes o jóvenes vinculados a la delincuencia— fuera del marco tradicional del luto.
Impacto del crimen organizado
Aunque críticos señalan una posible apología a la “cultura narco”, para los habitantes de estas zonas se trata de un acto de resistencia cultural y una forma de reclamar alegría en un entorno asediado por la inseguridad y la inacción estatal. Las estadísticas de 2025 revelan una realidad alarmante: 3,675 homicidios totales, aproximadamente 10 muertes violentas por día, y un récord de 26,585 denuncias por extorsión, marcando un récord negativo para el país.
Los operativos policiales en Lima Norte han logrado incautar explosivos y armamento vinculado a bandas de extorsión, pero la percepción de impunidad persiste. Mientras tanto, los velorios con reguetón siguen ganando terreno como un símbolo de resiliencia en medio del caos, donde la música urbana se convierte en el último adiós para muchos jóvenes.
Las autoridades y expertos en seguridad advierten que, aunque estas celebraciones pueden ser vistas como una forma de protesta social, también reflejan la urgente necesidad de políticas públicas efectivas para combatir el crimen organizado y proteger a las comunidades más afectadas. Mientras tanto, “El Cangri” y otros artistas siguen liderando este movimiento cultural, que mezcla el dolor con el ritmo, en un país donde la violencia y la creatividad conviven día a día.