La pregunta sobre cuánto tiempo “debe” durar una relación sexual ha acompañado a generaciones enteras. Entre mitos, presión social y expectativas irreales, la duración del coito se ha convertido en una medida equivocada del desempeño sexual. Pero ¿qué dice realmente la ciencia?
Un estudio publicado en el Journal of Sexual Medicine puso el tema sobre la mesa con datos concretos. Investigadores especializados en sexualidad analizaron décadas de evidencia clínica y llegaron a una conclusión clara: el tiempo promedio ideal del sexo con penetración es de 5.4 minutos.

Lo “normal”, lo deseable y lo excesivo
El trabajo fue desarrollado por los científicos Eric Corty y Jenay Guardiani, de la Universidad Estatal de Pensilvania, quienes clasificaron la duración del coito en tres rangos prácticos:
- 1 a 2 minutos: demasiado corto
- 7 a 13 minutos: duración deseable
- 10 a 30 minutos: excesivamente largo
Lejos de la fantasía popular de “cuanto más, mejor”, los investigadores sostienen que prolongar el acto no necesariamente mejora la experiencia y, en algunos casos, incluso puede generar incomodidad o pérdida de interés.

Evidencia internacional: otro estudio confirma el promedio
Estos resultados coinciden con una investigación de 2017 realizada por la Universidad de Queensland (Australia), encabezada por el psicólogo Brendan Zietsch. El estudio analizó a 500 parejas heterosexuales de distintos países, centrándose exclusivamente en el tiempo que transcurre desde la penetración hasta la eyaculación.
Los datos mostraron una variación extrema —desde 33 segundos hasta 44 minutos—, pero nuevamente el promedio global fue de 5.4 minutos por encuentro sexual.
El estudio también desmontó varios mitos comunes:
- El uso del preservativo no redujo la duración del coito
- La circuncisión no tuvo impacto significativo
- El país de origen tampoco influyó, salvo Turquía, donde el promedio fue más bajo (3.7 minutos)

El problema no es durar poco, sino pensar mal el sexo
Para la sexóloga española Sonia Encinas, el verdadero conflicto no está en el reloj, sino en la forma en que se entiende la sexualidad. Según explica, el error es seguir considerando la penetración como el centro absoluto del placer.
Encinas subraya que una vida sexual satisfactoria depende de diversificar las fuentes de placer: sexo oral, caricias, comunicación, exploración de gustos y salir de una visión falocentrista del encuentro sexual.
En esa misma línea, la escritora y periodista Rachel Hills, autora de El mito sexual, plantea que ni hombres ni mujeres buscan sexo más largo, sino sexo más placentero. La idea de querer encuentros interminables responde más a una fantasía cultural que a un deseo real.
La ciencia es clara: no existe una duración “perfecta” universal. El promedio existe, pero el placer no se mide en minutos. Un coito breve no es un fracaso, y uno prolongado no garantiza satisfacción.
Al final, lo que realmente importa no es cuánto dura el sexo, sino qué tan bien se vive.