Un caso de crueldad extrema ha culminado con la aplicación de la justicia máxima en Asia. La Corte de Intermediación de Putian, en la provincia de Fujian, llevó a cabo la sentencia de muerte en China contra Xu Jinhua, hallada culpable de torturar y asesinar a su hijastra de apenas 12 años. Según las investigaciones oficiales, la mujer mantuvo a la menor atada a la taza de un baño durante 17 días consecutivos, privándola de alimentos y sometiéndola a constantes agresiones físicas.
El reporte de las autoridades detalla que la víctima no solo fue golpeada y quemada, sino que fue obligada a ingerir 1,600 pastillas laxantes adquiridas por su propio padre. Tras un cautiverio marcado por el horror y el sufrimiento sistemático, la niña perdió la vida, generando una condena unánime por parte del tribunal chino. La ejecución de esta sentencia marca el cierre de un proceso judicial que ha conmocionado a la opinión pública internacional por la saña empleada contra la menor.
Justicia y sentencia de muerte en China
La gravedad de los hechos presentados ante la Corte de Putian no dejó lugar a la clemencia. Durante el juicio, se demostró que el entorno de tortura fue absoluto, dejando a la menor sin posibilidad de supervivencia. La sentencia de muerte en China reafirma la postura del sistema judicial local ante crímenes de odio y violencia extrema contra la infancia.
El caso ha reabierto el debate global sobre la protección de los menores en entornos domésticos y la responsabilidad de los tutores. Tras confirmarse que la sentencia fue ejecutada, las autoridades reiteraron que no habrá tolerancia para actos que atenten contra la vida de los más vulnerables en la sociedad china.