El conflicto que se venía gestando en redes sociales estalló en las calles de San Salvador. Doña Delmi, conocida como La Prestobarba, no dudó en enfrentar a Yanira Berríos en el Centro Histórico tras los polémicos comentarios de la tiktoker, quien había expresado que la situación de los vendedores le daba “lástima”. Para Delmi, esas palabras no eran empatía, sino un insulto a la dignidad de quienes trabajan día a día en sus puestos.
“¿Cuál es la lástima que vos me tenés?”, increpó Delmi a Berríos, quien intentó justificarse diciendo que “en la plataforma cualquiera puede poner cualquier cosa”. Sin embargo, La Prestobarba fue contundente al señalar la hipocresía de quien ahora vive de las redes sociales, pero parece haber olvidado el esfuerzo que implica trabajar en la calle. “Yo no le doy lástima a nadie porque yo echo verga”, sentenció Delmi, usando el lenguaje callejero para reafirmar que su sustento proviene del trabajo, no de donaciones.
Dignidad vs. fama: el choque de realidades
El ambiente se tensó cuando Delmi acusó a Berríos de ser una “pediche” en redes sociales, contrastando su estilo de vida con el esfuerzo diario de los vendedores. “Yo no le ando pidiendo nada a nadie”, exclamó Delmi, mientras los presentes en el Centro Histórico mostraron su apoyo a la vendedora. La confrontación escaló hasta el punto en que Delmi retó a Berríos a un enfrentamiento físico si era necesario para defender su postura.
La reacción social fue inmediata. Los transeúntes y comerciantes del lugar respaldaron a La Prestobarba, criticando la “doble moral” de Berríos. Mientras Yanira se dedica a tomar fotos y pedir dinero en sus transmisiones, los vendedores como Delmi siguen luchando por su espacio en las calles. “Para mí es un orgullo andar vendiendo”, declaró Delmi, dejando claro que su dignidad no depende de la fama ni de los likes.
La lección de la calle
El incidente refleja la brecha entre quienes trabajan en las calles y quienes alcanzan la fama en redes sociales. Mientras Yanira Berríos habla de exclusión desde su pantalla, La Prestobarba sigue en su esquina, con su rasuradora en mano, demostrando que la dignidad no necesita filtros ni seguidores para brillar. La confrontación dejó en evidencia que, para los vendedores, la coherencia y el esfuerzo valen más que cualquier tendencia en internet.
Este episodio marca un nuevo capítulo en la rivalidad entre “el puesto y TikTok”, donde la realidad de la calle se impone sobre la fama virtual. Doña Delmi se quedó en su puesto, mientras Berríos se retiró del lugar, dejando atrás un mensaje claro: en las calles de San Salvador, el respeto se gana con trabajo, no con likes.