En las películas, basta con ver una aleta de tiburón para que todos salgan corriendo del agua. Pero en Corea del Sur ocurre exactamente lo contrario: miles de personas hacen fila para contemplar a un enorme tiburón que se ha convertido en la celebridad de una ciudad, sin necesidad de atacar a nadie.
Su nombre es Bukangi, mide aproximadamente tres metros y apareció el 18 de septiembre de 2026 en un canal artificial del Parque Costero del Puerto Norte, en Busan, la mayor ciudad portuaria de Corea del Sur.
Desde entonces, su presencia ha provocado una auténtica fiebre turística. Familias, curiosos y creadores de contenido llegan al lugar con sus teléfonos para fotografiar al inesperado visitante, que nada lentamente a pocos metros de los espectadores.

¡Más de un millón de personas quieren conocer al tiburón!
La popularidad de Bukangi ha alcanzado dimensiones extraordinarias. Según datos difundidos por medios surcoreanos, más de un millón de personas habían visitado el parque hasta el 5 de octubre, una cifra sorprendente para un lugar que normalmente recibía alrededor de 2,000 visitantes diarios.
El cariño fue tal que las autoridades de Busan incluso lo nombraron embajador honorario de promoción de la ciudad.
Su apodo está inspirado en el nombre coreano del Puerto Norte, donde apareció por primera vez.
Pero detrás de tantas fotografías y videos existe un problema: Bukangi está atrapado y todavía no consigue regresar al mar abierto.

Todos quieren verlo, pero lo mejor sería que se fuera
Las autoridades han intentado conducirlo hacia el océano mediante embarcaciones, chorros de agua y una enorme red. Sin embargo, el animal ha esquivado los esfuerzos de rescate.
Tras dos intentos fallidos, los equipos decidieron retirar las barreras y vigilar su estado, esperando que encuentre por sí mismo el camino hacia aguas abiertas.
El Instituto Nacional de Ciencias Pesqueras de Corea del Sur identificó al ejemplar como una hembra de tiburón arenero oscuro (Carcharhinus obscurus), una especie catalogada en peligro de extinción.
Aunque las autoridades no habían detectado problemas graves de salud, su permanencia en el canal preocupa a los especialistas.
Así, Busan vive una curiosa contradicción: el tiburón que convirtió un canal en atracción turística necesita abandonar ese mismo lugar para regresar a su hábitat natural.
Y mientras los visitantes esperan conseguir una fotografía, los especialistas esperan algo mucho más importante: verlo nadar libremente en el océano.
