Jonathan ha vivido casi dos siglos, superado graves problemas de salud y sobrevivido a situaciones que pudieron acabar con su vida. Nació alrededor de 1832 y, pese a su avanzada edad, continúa activo. Ahora, su extraordinaria longevidad ha despertado el interés de científicos que buscan comprender por qué su organismo parece resistir el paso del tiempo mejor que otros.
Pero Jonathan no es un ser humano. Es una tortuga gigante de Seychelles que vive en la isla de Santa Elena, en el Atlántico Sur, y ostenta el récord Guinness del animal terrestre vivo más longevo conocido. Su edad estimada de 194 años podría incluso quedarse corta.
Dos sustos que pudieron acabar con Jonathan

En 2009, cuando tenía aproximadamente 177 años, Jonathan se encontraba en condiciones preocupantes. Había perdido buena parte de su capacidad visual y olfativa, estaba extremadamente delgado y su pico se había debilitado hasta dificultarle la alimentación.
El veterinario Joe Hollins comenzó a alimentarlo manualmente con frutas y verduras. La intervención permitió que recuperara peso, energía y fortaleza en el pico.
Sin embargo, todavía le esperaba otro episodio peligroso.
Durante un intento de apareamiento con Emma, otra tortuga de su entorno, Jonathan terminó volcado sobre su caparazón, incapaz de recuperar su posición.
Para estos reptiles, permanecer boca arriba puede resultar mortal porque sus órganos internos presionan los pulmones y dificultan la respiración.
Afortunadamente, fue encontrado a tiempo y colocado nuevamente sobre sus patas.
¿Qué encontraron los científicos en su ADN?
El 7 de octubre de 2026, investigadores vinculados a Vanderbilt Health divulgaron resultados de un estudio sobre las características genéticas y epigenéticas de Jonathan.
El análisis encontró señales de una conservación extraordinaria en mecanismos relacionados con el funcionamiento de las mitocondrias, estructuras encargadas de producir energía dentro de las células.
Algunos patrones de regulación genética se asemejan a los observados en tortugas mucho más jóvenes.
Los investigadores consideran que estos hallazgos podrían ayudar a comprender los procesos del envejecimiento saludable. Sin embargo, todavía no significan que exista una fórmula para prolongar la vida humana hasta edades semejantes.
También sobrevivió a su propia noticia de muerte
En abril de 2026, una publicación falsa anunció que Jonathan había muerto.
La información circuló por redes sociales hasta que el Gobierno de Santa Elena y Guinness World Records desmintieron el fallecimiento.
Jonathan seguía vivo, disfrutando de su alimentación habitual y de los cuidados del personal encargado de protegerlo.
Su importancia es tal que Santa Elena cuenta con un protocolo denominado Operation Go Slow, que contempla actos oficiales de duelo cuando finalmente fallezca.
Por ahora, Jonathan continúa desafiando las expectativas de longevidad. Y mientras los científicos intentan descifrar los mecanismos que le han permitido vivir tanto, él sigue disfrutando de una existencia mucho más sencilla: comer, descansar y recorrer lentamente los jardines de Plantation House.