La ilusión de un adulto mayor por presenciar el torneo de fútbol más importante del planeta se transformó en una profunda indignación debido a la falta de regulación en la reventa de boletos digitales. A través de la plataforma de TikTok, la usuaria identificada como Paola Hernández (@itspaaoolaaa) visibilizó el amargo caso de su abuelo de 89 años, con quien viajó desde San Diego hasta Guadalajara con el único propósito de cumplirle el sueño de su vida: asistir a un partido de la Selección Nacional en la Copa del Mundo.
La joven detalló que desembolsó la alarmante cifra de 5 mil dólares (casi 90 mil pesos) mediante la empresa de reventa “StubHub” por dos boletos que jamás llegaron a sus manos. A pesar de que la afectada pasó más de cinco horas en la línea de atención al cliente exigiendo una solución, la compañía no les entregó los pases ni gestionó un reembolso inmediato, provocando pérdidas que equivalen al impacto de graves siniestros financieros familiares.
Víctimas de estos siniestros
La vulnerabilidad de los consumidores ante los fraudes cibernéticos desató una oleada de solidaridad en redes sociales tras mostrarse imágenes del tierno abuelito visiblemente deprimido a las afueras del estadio. Afortunadamente, la rápida viralización del video capturó la atención de grandes cadenas de televisión como Univision y Telemundo, quienes acudieron a entrevistar a los afectados, transformando la mala experiencia en un fenómeno mediático que terminó por cambiarle la vida al anciano aficionado.
En un video de actualización en su cuenta de TikTok, el abuelo reapareció sonriente y vistiendo con orgullo los colores de la escuadra mexicana para enviar un cálido saludo de agradecimiento a la comunidad virtual. Con mucha gracia y optimismo, el señor de la tercera edad bromeó diciendo que ahora “ya es famoso” porque la gente lo reconoce, lo abraza en las calles de Jalisco y llora con él al recordar su historia.
Este lamentable fraude digital, enmarcado en la fiebre mundialista de 2026, vuelve a poner sobre la mesa la urgente necesidad de sancionar con rigor a las boleteras que operan con total impunidad a costa de los sueños de la afición. La víctima tuvo que conformarse con ver el partido desde afuera del recinto en un celular