Para muchos salvadoreños, escuchar los nombres Luis López, Ruko Rock o El Monseñor del Rock significa regresar varias décadas: a los primeros años del rock nacional, a Los Supersónicos, a programas de televisión, escenarios y noches en las que una generación construyó buena parte de sus recuerdos alrededor de la música.
Ahora, incluso para quienes dejaron El Salvador hace años y todavía conservan aquellas canciones como parte de su memoria del país, el nombre del veterano artista vuelve a aparecer por una razón muy distinta.
Luis López informó que hace pocos días le fue detectado un tumor en su sistema digestivo y que deberá someterse a una intervención quirúrgica durante las próximas semanas. La información fue divulgada mediante una campaña creada por familiares y amigos del músico.
“Hoy quiero compartirles algo muy personal. Hace pocos días me encontraron un tumor en mi sistema digestivo”, expresó López en el mensaje difundido junto a la campaña.
El cantante señaló además que atraviesa un momento complicado, aunque aseguró mantener su confianza y agradeció el acompañamiento que ha recibido de familiares, amigos y seguidores.
El tumor lleva a Luis López ante un nuevo desafío
La familia y personas cercanas al artista organizaron una campaña en GoFundMe para cubrir los costos del procedimiento. En el texto publicado allí, es el propio López quien solicita el respaldo de quienes quieran acompañarlo durante este proceso.
Más allá de la situación médica, la noticia ha vuelto a poner sobre la mesa una trayectoria estrechamente ligada a los primeros capítulos del rock salvadoreño.
Luis López comenzó su recorrido musical en la década de 1960 y formó parte de Los Supersónicos, una de las agrupaciones vinculadas a aquella generación que comenzó a introducir y popularizar el rock and roll entre los jóvenes salvadoreños. Con los años se ganó dos nombres que terminaron acompañándolo tanto como el suyo: Ruko Rock y El Monseñor del Rock.
Su presencia no quedó limitada a los escenarios. También condujo el programa televisivo “Luis López y sus invitados” y posteriormente mantuvo viva la música de aquella época a través de presentaciones y proyectos dirigidos a un público que continuó siguiéndolo décadas después.
En el año 2000 abrió además Ruko Rock en Los Planes de Renderos, un espacio que recuperaba el ambiente y la música del rock clásico y que terminó reforzando el sobrenombre con el que buena parte del público todavía lo identifica.
Para quienes emigraron después de haber vivido aquella etapa, su figura pertenece también a otra historia: la de los artistas, canciones y lugares que quedaron asociados a los recuerdos de juventud en El Salvador.
No es, además, la primera batalla de salud que enfrenta el músico. En 2016 sufrió dos infartos y posteriormente fue sometido a un cateterismo.
Esta vez, López ha decidido hacer pública su situación y dirigirse otra vez a esa audiencia que lo ha acompañado durante décadas.
“Un abrazo muy especial para mi fanaticada, mis rukos, mis amigos y todos los que siempre me han acompañado con tanto cariño”, expresó el artista al comenzar su mensaje.
Para varias generaciones, especialmente aquellas que conocieron el nacimiento y crecimiento del rock salvadoreño, quizás baste uno de sus viejos sobrenombres para reconocerlo: El Monseñor del Rock.