La tradición más ardiente de El Salvador se niega a detenerse. Este 31 de agosto, Nejapa se transformó una vez más en un campo de batalla de fuego y energía, celebrando la 104.ª edición de las tradicionales “Bolas de Fuego“. Ni la amenaza de lluvia ni los años han logrado apagar el fervor de una festividad que ya es un Patrimonio Cultural del país.
Bolas de Fuego: Una batalla centenaria
Desde las 8:30 p.m., las calles principales del distrito de Nejapa se iluminaron con el impacto de cerca de 3,000 bolas de tela, alambre y gasolina, lanzadas por los “boleros”. La tradición, que conmemora eventos volcánicos históricos y rinde tributo a San Jerónimo Doctor, volvió a reunir a miles de espectadores que desafiaron el clima para presenciar el espectáculo pirotécnico más peligroso y fascinante de la nación.
El alcalde de San Salvador Oeste, José Urbina, confirmó el inicio exitoso de la jornada, calificándola como un orgullo que trasciende fronteras. “Las bolas se encendieron y comenzó el espectáculo”, destacó, mientras las redes sociales se inundaban de videos de las esferas incandescentes cruzando el aire, una imagen que se ha convertido en el símbolo de la identidad nejapense.
Seguridad y fiesta hasta el amanecer
El despliegue de seguridad fue total. Instituciones de gobierno, incluyendo a la Fuerza Armada y el Cuerpo de Bomberos de El Salvador, se instalaron en puntos estratégicos del Parque Central y zonas aledañas para salvaguardar tanto a los jugadores como a los turistas. Los protocolos de prevención fueron estrictos, recordando a los asistentes la importancia de vestir ropa gruesa y respetar las zonas de seguridad.
Tras el frenesí de la batalla, la fiesta continúa. La administración local organizó un cierre de gala con música en vivo, destacando la participación de la orquesta Sangre Morena y discomóviles que mantendrán el ambiente festivo durante toda la madrugada.
Este año, la celebración no solo honra el pasado volcánico de la zona, sino que celebra la resiliencia de una tradición que, década tras década, sigue atrayendo a visitantes que buscan vivir una experiencia única, donde el fuego y la fe se encuentran en el corazón de El Salvador.