El fútbol no solo transforma estadios y ciudades, sino también rutinas, emociones y dinámicas dentro del hogar. Durante este tipo de eventos, algunas parejas reportan cambios en la atención, el tiempo compartido e incluso en la vida íntima.
Para entender este fenómeno, la educadora sexual July Ruiz explica que no se trata de una sustitución del deseo sexual, sino de una activación neurobiológica y emocional que puede influir temporalmente en las prioridades.
“El fútbol activa los mismos circuitos cerebrales relacionados con el placer y la recompensa que otras experiencias gratificantes, incluyendo la intimidad sexual”, señala Ruiz.
Lo que ocurre en el cerebro de un hombre al ver fútbol
De acuerdo con la especialista, cuando una persona observa un partido de su equipo favorito, el cerebro libera dopamina, neurotransmisor asociado al placer, la anticipación y la motivación.
Una investigación publicada en la revista Evolution and Human Behavior titulada: “Testosterone changes during vicarious experiences of winning and losing among fans at sporting events”, se encontró que los niveles de testosterona en aficionados masculinos pueden aumentar cuando su equipo gana y disminuir cuando pierde.
Esto ocurre porque los seguidores experimentan los resultados deportivos como una “victoria o derrota personal”, activando respuestas hormonales vinculadas a la competencia y la recompensa.
Fútbol como identidad, no solo entretenimiento
Ruiz aclaró que este comportamiento no debe interpretarse automáticamente como un problema.
“No es que el deseo desaparezca, sino que en ciertos momentos el fútbol ocupa un lugar prioritario por su carga emocional, social y de pertenencia”, explica.
Según la especialista, el Mundial representa un espacio de conexión social, amistad y emoción colectiva que puede generar una “excitación” distinta a la sexual, pero igualmente intensa.
Sin embargo, enfatiza que es natural que durante eventos deportivos masivos cambien algunas rutinas dentro de la pareja, pero el problema aparece cuando existe pérdida de control.
“Si el fútbol desplaza de forma permanente las responsabilidades, la relación o la intimidad, ya estamos hablando de un patrón que debe ser trabajado en terapia”, señala.
El futbol puede desencadenar reacciones agresivas
En algunos casos, la combinación de frustración deportiva, consumo de alcohol y alta carga emocional puede generar reacciones agresivas.
“Cuando hay una mala gestión de la ira, es importante buscar ayuda profesional, porque el impacto puede trasladarse al entorno familiar”, explica July Ruiz y añade que el diálogo es clave para evitar conflictos.
Esta afirmación lo respalda un estudio de la Universidad de Lancaster (Reino Unido), quien encontró que la violencia doméstica puede aumentar hasta un 38% cuando la selección inglesa pierde partidos importantes.

El papel del diálogo en la pareja
Para Ruiz, la clave no está en competir con el fútbol, sino en establecer acuerdos.
“El diálogo es la base de cualquier relación saludable. Si algo incomoda, debe hablarse y establecerse acuerdos claros”, sostiene.
Recomienda definir espacios, horarios y límites durante eventos deportivos, especialmente en hogares donde la convivencia es compartida con niños o rutinas sensibles.

Finalmente, los expertos coinciden en que el fútbol no reemplaza la intimidad, pero puede ocupar un espacio emocional importante durante períodos específicos como el Mundial.