La fotógrafa estadounidense Karrie Ann Snure convirtió un paseo a caballo con su hija cerca de una montaña, en una investigación que atrajo la atención de miles de usuarios en redes sociales.
Todo comenzó en junio de 2026, cuando ambas recorrían una zona cercana al monte Shasta, en el norte de California, y escucharon extraños sonidos que parecían provenir de distintos puntos de la montaña.
Los ruidos, descritos como una combinación de voces, zumbidos y sonidos inquietantes, las llevaron a internarse entre la vegetación para averiguar de dónde procedían.
Lo que encontraron fue todavía más sorprendente.
Una montaña llena de bocinas
Entre los árboles y arbustos había numerosas bocinas pequeñas, aparentemente alimentadas mediante energía solar.
Los dispositivos estaban distribuidos por el terreno y reproducían mensajes que, al mezclarse, producían un sonido confuso y perturbador.
«Esto es completamente apocalíptico», comentó Snure durante una de las grabaciones que compartió en redes sociales.
La mujer calculó que podía haber entre 100 y 200 aparatos instalados en aquella zona.
En algunos dispositivos, escuchados individualmente, logró identificar voces que parecían pronunciar mensajes religiosos o espirituales.
El descubrimiento fue divulgado el 26 de junio por New York Post.
Las teorías no tardaron en aparecer
Las publicaciones de la fotógrafa provocaron todo tipo de especulaciones.
Algunos usuarios relacionaron los sonidos con rituales espirituales, mientras otros mencionaron seres desconocidos, instalaciones clandestinas o fenómenos paranormales.
El monte Shasta es conocido por las numerosas leyendas que circulan alrededor de su paisaje volcánico, incluidas historias sobre civilizaciones subterráneas y supuestos avistamientos inexplicables.
Sin embargo, las teorías más extravagantes no estaban respaldadas por pruebas.
La propia Snure continuó investigando y descubrió que los aparatos estaban colocados en propiedad privada, cerca de terrenos públicos.
El misterio terminó con una explicación inesperada
En julio, las investigaciones periodísticas permitieron conocer el propósito de la instalación.
Según la explicación obtenida posteriormente, una persona vinculada a la propiedad había colocado las bocinas como parte de un proyecto espiritual destinado a difundir mensajes positivos.
Las grabaciones incluían referencias a la paz, la compasión y el veganismo.
Lo que a distancia parecía una banda sonora de película de terror resultó ser una instalación concebida para transmitir mensajes relacionados con el bienestar y la convivencia.
El caso fue aclarado en reportajes publicados durante la primera semana de julio de 2026, entre ellos uno difundido por KOLO TV.
Una sorpresa que conquistó las redes
La historia atrajo atención por el contraste entre la primera impresión y su explicación final.
Los mismos aparatos que despertaron sospechas de actividades misteriosas tenían una finalidad que sus responsables consideraban positiva.
Karrie Ann Snure documentó el descubrimiento desde sus plataformas vinculadas a Living Shasta Photography, donde comparte fotografías y experiencias relacionadas con la región.
Su recorrido demuestra cómo una escena cotidiana puede convertirse en un fenómeno viral cuando las imágenes y los sonidos parecen desafiar una explicación inmediata.
En este caso, el misterio terminó sin criaturas sobrenaturales ni rituales ocultos: solamente con decenas de bocinas que, juntas, producían un efecto mucho más inquietante que el mensaje que pretendían transmitir.
