Un perro comienza a ladrar sin motivo aparente. Las aves levantan vuelo inesperadamente. Minutos después, ocurre un temblor.
Historias como estas alimentan una creencia popular: que los animales pueden anticipar los terremotos.
Pero ¿qué dice realmente la ciencia?
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) reconoce que existen numerosos testimonios sobre comportamientos animales inusuales antes de eventos sísmicos. Sin embargo, advierte que no se ha demostrado un patrón consistente que permita utilizar esas conductas para pronosticar un terremoto.
¿Por qué algunos animales reaccionan antes?
La explicación puede encontrarse en las ondas sísmicas.
Cuando ocurre un terremoto, se generan diferentes tipos de ondas que se desplazan por el interior y la superficie terrestre.
Las ondas P suelen llegar primero y pueden producir vibraciones pequeñas que pasan inadvertidas para muchas personas.
Algunos animales poseen una mayor sensibilidad a determinadas vibraciones y podrían reaccionar a esas primeras señales antes de que los humanos perciban los movimientos más fuertes.
Esto significa que pueden detectar un sismo que ya comenzó, no necesariamente anticipar uno que ocurrirá horas o días después.
¿Y los perros que ladran antes de un temblor?
Los perros pueden ladrar, esconderse o mostrarse inquietos por numerosas razones: sonidos, olores, movimientos, enfermedades o situaciones de estrés.
El problema científico consiste en distinguir una reacción relacionada con un evento sísmico de cualquier otro comportamiento cotidiano.
Además, cuando ocurre un terremoto, las personas pueden recordar especialmente las conductas extrañas que observaron antes y pasar por alto las ocasiones en que los animales actuaron igual sin que ocurriera ningún sismo.
¿Existe algún método para predecir terremotos?
Actualmente no existe un procedimiento científicamente validado que permita determinar con exactitud cuándo, dónde y con qué magnitud sucederá un terremoto.
Los científicos sí pueden estudiar las zonas de mayor amenaza y calcular probabilidades a largo plazo.
Por eso, la mejor protección no consiste en vigilar el comportamiento de las mascotas, sino en preparar un plan familiar, identificar espacios seguros y conocer las recomendaciones oficiales de protección civil.