Abrir el refrigerador, oler la comida del día anterior y decidir que todavía puede comerse parece una prueba razonable. El problema es que las sobras pueden contener microorganismos peligrosos sin presentar necesariamente un olor, sabor o aspecto que advierta del riesgo.
El Servicio de Inocuidad e Inspección de los Alimentos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) recomienda refrigerar los alimentos preparados lo antes posible y no dejarlos a temperatura ambiente durante más de dos horas. Si la temperatura ambiental supera los 32.2 °C, ese tiempo se reduce a una hora.
Sobras: la regla de los tres o cuatro días
Una vez refrigerada correctamente, la comida preparada tampoco dura indefinidamente.
USDA establece como referencia consumir las sobras refrigeradas dentro de tres o cuatro días. La refrigeración ralentiza el crecimiento de microorganismos, pero no lo detiene completamente.
Otro detalle importante es cómo se guarda la comida.
Una cantidad grande colocada en un recipiente muy profundo puede tardar más en enfriarse. Por eso, la recomendación es dividir las sobras en recipientes poco profundos para facilitar un enfriamiento más rápido y uniforme.
¿Y si sabemos que no comeremos esa comida durante los próximos días? Congelarla es una alternativa.
Al recalentar las sobras, USDA utiliza como referencia una temperatura interna de 73.9 °C (165 °F). También aconseja recalentar únicamente la cantidad que se va a consumir y devolver el resto al refrigerador dentro del margen de seguridad.
La conclusión más útil es no depender exclusivamente de los sentidos. Que una comida no huela mal no demuestra que sea segura.