Imagine un lugar donde un año dura menos que un día terrestre, una estrella tan densa que una cucharadita de su materia tendría un peso descomunal o una galaxia que crece literalmente arrancándole estrellas y gas a otra. No son ideas concebidas para una película: fenómenos y objetos semejantes existen realmente en el cosmos.
Cuanto más observamos el universo, más difícil resulta decidir dónde termina lo imaginable y comienza lo real. Algunos de sus habitantes desafían nuestra experiencia cotidiana de la materia, el tiempo y la gravedad. Estos siete casos demuestran que la naturaleza puede ser bastante más extraña que nuestra propia imaginación.
Universo: siete realidades que parecen sacadas de la ciencia ficción
1. Una cucharadita de estrella podría pesar millones de toneladas

Una estrella de neutrones es lo que puede quedar después de que una estrella masiva agota su combustible, colapsa y explota como supernova.
El resultado es extremo: una cantidad de masa superior a la del Sol puede quedar comprimida en una esfera comparable en tamaño a una gran ciudad.
NASA explica que la materia está tan comprimida que una cucharadita podría pesar millones o incluso miles de millones de toneladas en la Tierra, dependiendo de la estimación utilizada para ilustrar su enorme densidad.
Y algunas giran a velocidades extraordinarias. Cuando una estrella de neutrones rota y emite haces de radiación que podemos detectar periódicamente desde la Tierra, observamos lo que conocemos como un púlsar.
Son algo parecido a faros cósmicos, pero girando en el espacio.
2. Existen estrellas con campos magnéticos monstruosos

Si una estrella de neutrones ya parece extrema, existe una versión todavía más sorprendente: el magnetar.
Es una estrella de neutrones con un campo magnético extraordinariamente intenso. NASA describe a los magnetares como los objetos más magnéticos conocidos y señala que algunos pueden poseer campos aproximadamente 100 millones de veces más fuertes que los imanes más potentes fabricados por los seres humanos.
De vez en cuando pueden sufrir violentas fracturas de su corteza, una especie de “terremoto estelar”, y liberar enormes cantidades de radiación de alta energía.
Pero hay otra conexión sorprendente con nuestra vida cotidiana.
Investigaciones recientes estudian si las gigantescas llamaradas de los magnetares pudieron contribuir a fabricar parte de los elementos pesados del universo, incluido el oro.
El metal de una joya podría, por tanto, contener átomos cuya historia comenzó en uno de los ambientes más extremos del cosmos.
3. Hay un planeta donde un año dura menos de 18 horas

Se llama 55 Cancri e, también conocido como Janssen, y se encuentra a unos 41 años luz de nosotros.
Es una supertierra rocosa con un diámetro cercano al doble del terrestre. Pero se encuentra tan cerca de su estrella que completa una vuelta alrededor de ella en menos de 18 horas.
Eso significa que mientras en la Tierra apenas transcurre un día, allí ya ha terminado más de un año.
Y las condiciones son infernales.
Las observaciones indican temperaturas diurnas de aproximadamente 2,400 °C, suficientes para mantener roca fundida. NASA lo describe como un mundo probablemente cubierto por un océano global de lava.
Las observaciones del telescopio espacial James Webb también sugieren que podría poseer una atmósfera rica en dióxido o monóxido de carbono, posiblemente alimentada por gases procedentes de ese océano de magma.
No existe una fotografía de su superficie: lo que conocemos procede de mediciones astronómicas y las imágenes que solemos ver son reconstrucciones artísticas basadas en esos datos.
4. Cerca de un agujero negro, el tiempo no transcurre igual

Esto parece una licencia de películas como Interstellar, pero tiene sus raíces en la relatividad general.
La gravedad afecta el paso del tiempo.
Cuanto más intenso es el campo gravitatorio, mayor puede ser la diferencia entre el ritmo de un reloj situado allí y otro más alejado.
Cerca de un agujero negro ese efecto se vuelve extremo. Desde la perspectiva de un observador distante, un objeto que se aproxima al horizonte de sucesos parecería moverse cada vez más lentamente.
El fenómeno se denomina dilatación gravitacional del tiempo.
Y no ocurre exclusivamente cerca de agujeros negros. En la Tierra también existe, aunque en cantidades diminutas y medibles.
En otras palabras: el tiempo no transcurre exactamente al mismo ritmo en todas partes.
5. Existen galaxias que “devoran” otras galaxias

El canibalismo galáctico suena como una metáfora exagerada.
No lo es.
Las galaxias interactúan gravitacionalmente, pueden colisionar y las mayores pueden arrancar estrellas, gas y otros materiales de sistemas más pequeños hasta incorporarlos a su propia estructura.
NASA utiliza precisamente el término “canibalismo galáctico” para describir este proceso.
El telescopio Hubble, por ejemplo, ha observado NGC 4651, una galaxia espiral que muestra evidencias de haber consumido una galaxia menor.
Y nuestra Vía Láctea tampoco está al margen de estas interacciones: los astrónomos estudian corrientes de materia asociadas con sus galaxias satélite y evidencias de antiguas fusiones.
A escala humana, las galaxias parecen eternas e inmóviles.
A escala cósmica, evolucionan, chocan y se transforman.
6. Hay planetas que vagan por el espacio sin un Sol

Desde pequeños aprendemos una regla aparentemente sencilla: los planetas giran alrededor de estrellas.
Pero no todos lo hacen.
Existen candidatos a planetas errantes, mundos que se desplazan por el espacio interestelar sin estar gravitacionalmente ligados a una estrella como la Tierra lo está al Sol.
Algunos podrían haberse formado alrededor de una estrella y posteriormente haber sido expulsados de su sistema por violentas interacciones gravitacionales. Otros escenarios de formación también son objeto de investigación.
Eso significa que podría haber mundos recorriendo la oscuridad entre las estrellas, sin amaneceres ni atardeceres producidos por un sol cercano.
Detectarlos es extremadamente difícil precisamente porque no tienen una estrella anfitriona que los ilumine como ocurre con los sistemas planetarios convencionales. Una de las técnicas utilizadas para encontrarlos es la microlente gravitacional: la gravedad del objeto puede curvar y amplificar temporalmente la luz de una estrella mucho más distante.
7. “Pale Blue Dot”: la fotografía que convirtió a la Tierra en un punto

El 14 de febrero de 1990, la sonda Voyager 1 dirigió su cámara hacia la Tierra desde unos 6,000 millones de kilómetros de distancia. Nuestro planeta apareció ocupando aproximadamente un solo píxel, suspendido en un rayo de luz solar. La fotografía se hizo mundialmente conocida como “Pale Blue Dot” (Punto azul pálido).
La imagen había sido promovida, entre otros, por el astrónomo Carl Sagan, quien encontró en ella una poderosa perspectiva sobre nuestro lugar en el cosmos. Poco después de completar aquel “retrato familiar” del Sistema Solar, Voyager 1 apagó definitivamente sus cámaras y continuó su viaje. Aquella diminuta mota azul era nuestro planeta entero visto desde miles de millones de kilómetros de distancia.
Así conserva la historia fascinante, pero no rompe el ritmo de las otras seis curiosidades. Y como cierre me parece bastante más potente que dejarla en el número 4.
Lo imposible depende de nuestra experiencia
Ninguno de estos fenómenos necesita romper las leyes de la física.
Es justamente lo contrario.
Las estrellas ultradensas, los océanos de magma, la dilatación del tiempo y las galaxias que absorben a otras son consecuencias de esas mismas leyes cuando actúan en condiciones que jamás experimentamos en nuestra vida cotidiana.
Nuestra intuición fue construida para entender objetos que caen, temperaturas terrestres, distancias de kilómetros y velocidades relativamente pequeñas.
El universo trabaja también con miles de millones de años, temperaturas de millones de grados, campos gravitatorios extremos y distancias que la luz necesita años o incluso millones de años para recorrer.
Quizá por eso algunas de sus realidades parecen imposibles.
No lo son. Lo verdaderamente extraño es que existen.