Las almohadas pueden parecer en buen estado durante años, pero su capacidad para sostener correctamente la cabeza y el cuello disminuye conforme sus materiales pierden forma y firmeza.
Como referencia general, especialistas en descanso recomiendan considerar su reemplazo cada uno o dos años, aunque el tiempo real depende del material, la calidad y los cuidados que reciben.
Una almohada de látex, por ejemplo, puede durar más que una fabricada con fibras de poliéster. Por eso, más que seguir únicamente el calendario, conviene observar su estado.
Almohadas: estas señales indican que debes cambiarlas
Una de las señales más claras es que las almohadas hayan perdido volumen y ya no recuperen su forma después de acomodarlas.
También conviene considerar un reemplazo cuando aparecen bultos, deformaciones, manchas persistentes o pérdida evidente de soporte. Despertar frecuentemente con molestias en el cuello también puede indicar que la almohada ya no cumple adecuadamente su función.
Con el uso también pueden acumularse sudor, grasa corporal, células de piel, polvo y alérgenos, por lo que mantener limpias las fundas y seguir las instrucciones de lavado del fabricante ayuda a prolongar su vida útil.
No todas las almohadas pueden lavarse de la misma forma: algunas admiten lavadora, mientras que materiales como ciertas espumas requieren limpieza manual o localizada.