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Nacional

SITRAMSS: ¿finalmente desaparecerá del paisaje capitalino?

El MOPT comenzó a desmontar estaciones del SITRAMSS, mientras el Gobierno evalúa qué sistema de transporte ocupará ese corredor.

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Por Juan Jose Lopez |

Las estructuras del SITRAMSS comienzan a desaparecer del paisaje de San Salvador.

Ya no se trata solamente del abandono que durante años acompañó a las estaciones del Sistema Integrado de Transporte del Área Metropolitana de San Salvador. El Ministerio de Obras Públicas y Transporte (MOPT) comenzó a desmontar parte de esa infraestructura, incluido el techo de la estación situada frente al Hospital Médico Quirúrgico del ISSS.

Publimetro El Salvadorverificó previamente que las antiguas estaciones están cerradas mediante malla ciclón instalada por el MOPT y que cuentan con rótulos que prohíben el ingreso.

La estación de Soyapango permanece inaccesible a cualquier persona sobre el Bulevar del Ejército.Foto: Juan José López / Publimetro El Salvador

Ahora, algunas piezas empiezan a ser retiradas.

El movimiento representa un nuevo capítulo para un proyecto que alguna vez fue presentado oficialmente como una transformación histórica del transporte público.

En 2015, cuando comenzó su implementación progresiva, el propio MOP sostenía que el recorrido entre Soyapango y Metrocentro podía reducirse de una hora y diez minutos a 22 minutos.

Once años después, parte de aquella infraestructura está siendo desmontada.

“Esta es una obra que ya no tiene razón de ser”

La posibilidad de hacer desaparecer las estructuras del SITRAMSS no surgió ahora.

El 10 de junio de 2019, pocos días después de asumir la Presidencia, Nayib Bukele habló abiertamente de desmantelar el proyecto.

Durante una reunión del Consejo de Ministros, Casa Presidencial documentó la instrucción presidencial al titular de Obras Públicas:

“Esta es una obra que ya no tiene razón de ser”.

Bukele también pidió investigar la manera en que una obra pública había sido entregada a una empresa privada y planteó realizar una auditoría forense.

Al día siguiente, el propio Bukele aclaró que el sistema continuaría operando mientras avanzaban las investigaciones.

“El SITRAMSS continuará funcionando de la misma manera que ha venido funcionando, mientras hacemos las auditorías forenses sobre el proyecto, cómo y a quién fue otorgado, y mientras diseñamos una solución integral al transporte colectivo”.

La publicación fue difundida el 11 de junio de 2019.

Así, las estaciones permanecieron.

Lo que cambió posteriormente fue su función.

De movilizar pasajeros a permanecer abandonadas

El SITRAMSS dejó de prestar servicio en 2020, en el contexto de la suspensión del transporte colectivo provocada por la pandemia de covid-19, y sus autobuses no recuperaron posteriormente la operación que habían tenido.

Las estaciones quedaron en pie.

Con el paso de los años se deterioraron y comenzaron a utilizarse para funciones completamente distintas a aquellas para las que fueron construidas.

En enero de 2023, un recorrido periodístico por las ocho antiguas estaciones las encontró “sucias, descuidadas y sin mantenimiento”. Vecinos aseguraron que personas sin hogar llegaban a dormir dentro de ellas y se documentaron colchones y espacios convertidos en dormitorios improvisados.

La situación persistía en 2026. Un reportaje publicado en julio volvió a documentar personas en situación de calle pernoctando en las antiguas instalaciones y describió vandalismo, deterioro y problemas de insalubridad.

De estaciones para pasajeros habían pasado a convertirse en refugios improvisados y espacios abandonados.

Pero durante 2025 ocurrió algo todavía más grave.

Dos cadáveres en antiguas estaciones

El 14 de noviembre de 2025, cuerpos de socorro recuperaron un cadáver en estado de descomposición dentro de una fosa de entre dos y tres metros de profundidad en la antigua estación situada frente al Parque Centenario.

Según Comandos de Salvamento, personas que frecuentaban la zona alertaron a las autoridades debido al mal olor.

Exactamente un mes después, el 14 de diciembre, otro cadáver fue encontrado en una caseta de la antigua estación frente al Parque Infantil.

La víctima fue identificada posteriormente como la cabo de la Policía Nacional Civil Luisa Estela Ramos Mendoza, quien había sido reportada como desaparecida.

La propia PNC confirmó:

“La persona fallecida ya fue identificada, se trata de una cabo de nuestra institución”.

La institución informó además que utilizó cámaras de seguridad y videovigilancia para reconstruir parte de sus últimos movimientos.

Eran dos estaciones diferentes y dos hechos separados por un mes.

Pero ambos reflejaban hasta qué punto aquellas estructuras habían quedado desconectadas de la finalidad con la que fueron construidas.

De proyecto insignia a investigación por corrupción

El deterioro físico fue acompañado además por controversias legales y judiciales.

En junio de 2020, Romeo Rodríguez acudió a la Fiscalía General de la República para presentar un aviso por posibles irregularidades detectadas en el SITRAMSS.

El MOP entregó 22 carpetas con contratos, subcontratos, información sobre concesiones, resoluciones de rutas, auditorías de la Corte de Cuentas, juicios de cuentas y la sentencia de inconstitucionalidad relacionada con el sistema.

En diciembre de 2022, la Fiscalía anunció que había concluido una primera investigación que calificó expresamente como un caso de corrupción.

Según la FGR, el entonces director de Tránsito Edwin Flores autorizó concesiones relacionadas con el carril segregado sin que se siguiera el procedimiento de aprobación correspondiente en la Asamblea Legislativa.

La Fiscalía sostuvo que esa decisión favoreció a la empresa encargada de operar el proyecto.

El caso continuó judicialmente.

En abril de 2024, la Fiscalía informó que logró que parte de los procesados fueran enviados a juicio y afirmó que en 2015 el proyecto había sido concedido “de manera irregular” a una empresa privada sin la aprobación legal de la Asamblea Legislativa.

La Sala de lo Constitucional también había determinado en 2019 que tanto el carril segregado como las estaciones eran bienes de uso público y que su utilización privativa requería una concesión conforme a la Constitución. (

Con los años, las estructuras quedaron así asociadas no solamente al abandono de un sistema de transporte, sino a las controversias legales y procesos judiciales que rodearon su implementación.

“Tenemos un proyecto de transporte en esa zona”

Mientras el SITRAMSS permanecía inmóvil, el Gobierno comenzó a hablar de qué podría ocupar su lugar.

En noviembre de 2024, Romeo Rodríguez fue consultado sobre por qué el MOP no retiraba simplemente los separadores del carril segregado para incorporarlo completamente al tráfico convencional.

Su respuesta dejó establecido que el Ejecutivo quería preservar ese espacio para otra intervención:

“Tenemos un proyecto de transporte en esa zona que queremos desarrollar, estamos buscando el financiamiento”.

Rodríguez explicó que hacer obras sobre el carril para después destruirlas cuando comenzara un nuevo proyecto significaría utilizar recursos dos veces.

“No queremos botar el dinero”.

Y agregó que preferían destinar esos recursos al futuro sistema para el cual todavía buscaban financiamiento.

No reveló entonces cuál sería ese proyecto.

Dos años después surgieron nuevas pistas.

“Podría ser aerocable o monorriel”

El 17 de septiembre de 2026, el viceministro de Transporte, Nelson Reyes, confirmó que las antiguas estaciones estaban siendo consideradas dentro de una planificación de transporte masivo.

“Se está viendo cómo se hacen diferentes intervenciones [en estaciones del SITRAMSS], como dentro de un plan general se encuentra un sistema de transporte masivo que podría ser aerocable o monoriel, que se desplace siempre sobre la línea del bulevar del Ejército”.

Reyes explicó que una alternativa sería aprovechar el espacio disponible en algunas estaciones para colocar pilotes de una futura infraestructura. (Noticias EsSalvador⁠)

El funcionario también dejó claro que aún no existe una alternativa definitiva:

“El tema de la línea de aerocable es el primer acercamiento, pero no se pierde de vista las otras iniciativas que se tienen y esperamos dar buenas noticias próximamente”.

Eso marca una frontera importante para esta historia.

El desmontaje comenzó, pero hasta ahora el Gobierno no ha anunciado públicamente que las estructuras estén siendo retiradas específicamente para construir un monorriel o un aerocable.

Lo que existe son alternativas estudiadas para ese corredor.

Hacer desaparecer símbolos

El retiro de los restos del SITRAMSS también ocurre bajo un Gobierno que, en otros contextos y por razones completamente distintas, ha eliminado físicamente símbolos que considera asociados a realidades que busca dejar atrás.

No significa que todos esos casos formen parte de una misma política ni que puedan equipararse.

Pero existen antecedentes.

En abril de 2022, durante la ofensiva gubernamental contra las pandillas, Bukele anunció la eliminación de los grafitis utilizados por esas estructuras para marcar territorio.

“Estamos utilizando a los prisioneros, no pertenecientes a pandillas, para que borren los grafitis, ahora ilegales, de los grupos terroristas”.

El director de Centros Penales, Osiris Luna, explicó cuál era la dimensión de la orden:

“Vamos a trabajar para que no quede ni una sola esquina de un grafiti sin borrar, y que en cada comunidad no quede nada alusivo a una mara o pandilla”.

Meses después, la intervención alcanzó cementerios donde existían tumbas decoradas con símbolos de las pandillas.

Bukele explicó el 7 de noviembre de 2022 su razonamiento:

“Una de ellas es destruir sus símbolos, su sentido de pertenencia, su memoria”.

El mandatario se refería específicamente a la estrategia contra las pandillas. También aclaró que las tumbas eran destruidas por privados de libertad.

El 3 de enero de 2024 ocurrió otro episodio de naturaleza distinta.

El MOP demolió el Monumento a la Reconciliación, inaugurado durante el gobierno del FMLN en 2017.

Bukele anunció:

“El supuesto ‘monumento a la reconciliación’ […] ha sido demolido”.

Y sostuvo que, a su juicio, además de ser “estéticamente horrible”, la obra glorificaba un pacto entre los adversarios de la guerra. Informó que sería sustituida por un nuevo espacio público.

La destrucción de tumbas de pandilleros, la eliminación de grafitis, la demolición de un monumento político y el retiro de estaciones de transporte son hechos de naturaleza muy diferente.

Pero comparten algo material: estructuras o símbolos asociados con determinadas etapas dejaron de permanecer en el paisaje una vez que el actual Gobierno decidió intervenirlos.

El proyecto que les dio origen quedó bajo investigaciones fiscales y procesos judiciales.

Y ahora el MOPT comenzó a retirar sus estructuras.

Aún quedan preguntas.

¿Desaparecerán las ocho estaciones? ¿Qué ocurrirá con las pasarelas y el carril segregado? ¿Cuánto costará desmontar lo que queda? ¿Qué partes podrán reutilizarse? ¿Y cuál de las alternativas estudiadas terminará sustituyendo al sistema?

El Ministerio de Obras Públicas todavía debe precisar esas respuestas.

Pero algo ya cambió.

Durante años, el SITRAMSS permaneció inmóvil como un vestigio visible de otra etapa del transporte público salvadoreño.

Ahora esas estructuras comienzan a desaparecer.

La siguiente incógnita ya no es solamente qué ocurrió con el SITRAMSS.

Es la que plantea el espacio que empieza a dejar vacío:

¿qué vendrá después?

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