Ver a una persona luchando por mantenerse a flote puede provocar una reacción inmediata: lanzarse al agua para intentar sacarla. Sin embargo, ante un posible ahogamiento, una persona sin entrenamiento puede terminar también necesitando ser rescatada.
La Cruz Roja de Estados Unidos resume una de sus recomendaciones con una regla sencilla: “alcanzar o lanzar, no entrar”. La idea es ayudar desde una posición segura siempre que sea posible.
Ante un ahogamiento, ayudar no siempre significa entrar al agua
Si la persona está suficientemente cerca, puede intentarse alcanzarla desde tierra utilizando un objeto largo que pueda sujetar.
Cuando se encuentra más lejos, puede lanzarse un elemento que flote y pedirle que se aferre a él. Al mismo tiempo, debe buscarse ayuda de un guardavidas o alertar a los servicios de emergencia.
La recomendación de no entrar tiene una razón: una persona que se está ahogando puede encontrarse desesperada y aferrarse con fuerza a quien intenta rescatarla. Si el auxiliador no cuenta con entrenamiento, ambos pueden quedar en peligro.
La Cruz Roja señala expresamente que, en una emergencia acuática, debe intentarse alcanzar a la víctima o lanzarle un objeto y evitar entrar al agua, pues quien intenta ayudar también podría ahogarse.
Esto adquiere especial importancia en playas, ríos y otros lugares donde pueden existir corrientes, desniveles u otras condiciones que no son evidentes desde la superficie.
Si existen guardavidas, lo adecuado es alertarlos inmediatamente. Son quienes cuentan con entrenamiento y equipos para realizar un rescate acuático.
La prevención también comienza antes de entrar al agua: observar las condiciones, respetar advertencias, identificar dónde se encuentran los guardavidas y mantener especial vigilancia sobre los niños.
Ayudar rápidamente sigue siendo fundamental. La diferencia está en hacerlo sin convertir una víctima en dos.