Cumplir 100 años es algo extraordinario para un ser humano. En otras partes del reino animal, sin embargo, alcanzar un siglo puede ser apenas una fracción de la vida.
La longevidad de algunas especies es tan extraordinaria que existen animales capaces de sobrevivir durante varias generaciones humanas. Algunos nacidos hace dos siglos podrían continuar vivos y, cuando entramos en el océano, aparecen organismos cuya edad puede superar los 500 años.
Estos son algunos de los casos más sorprendentes conocidos por la ciencia.
Longevidad animal: especies que convierten un siglo en poca cosa
1. Jonathan: una tortuga nacida alrededor de 1832

Jonathan permite empezar con un animal cuya historia puede seguirse casi como la de una persona.
Esta tortuga gigante de Seychelles vive en la isla de Santa Elena y es considerada el animal terrestre vivo conocido de mayor edad.
En 2026, Guinness World Records estima que tiene al menos 194 años. Se cree que nació alrededor de 1832. Su edad se calculó porque ya estaba completamente desarrollado cuando llegó a Santa Elena en 1882, lo que indicaba que entonces tenía al menos 50 años.
Eso significa que Jonathan ya estaba vivo antes de que se inventaran muchas tecnologías que hoy consideramos cotidianas.
2. Ballena boreal: un mamífero que puede superar los 200 años

Resulta difícil imaginar un mamífero respirando, nadando y envejeciendo durante dos siglos.
La ballena boreal (Balaena mysticetus) puede hacerlo.
NOAA señala que existen evidencias de ejemplares que superaron ampliamente los 100 años y que estudios sobre su edad indican que podrían vivir más de 200 años. Incluso se han recuperado antiguas puntas de arpón de piedra alojadas en ballenas capturadas posteriormente.
Es considerada el mamífero marino de mayor longevidad conocida.
3. Tiburón de Groenlandia: siglos nadando en aguas frías

Aquí la escala vuelve a cambiar.
El tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus) habita las frías aguas del Atlántico Norte y el Ártico y es famoso por su crecimiento extraordinariamente lento.
Una investigación publicada en Science estimó que estos tiburones pueden alcanzar alrededor de 400 años, aunque determinar la edad exacta de animales tan longevos implica márgenes importantes de incertidumbre.
Eso significa que algunos ejemplares extremadamente viejos podrían haber nacido siglos antes de nuestra época y continuar recorriendo actualmente las profundidades del océano.
4. Una almeja puede superar los 500 años

No tiene el aspecto imponente de una ballena ni de un tiburón.
Pero Arctica islandica, un molusco bivalvo del Atlántico Norte, lleva la longevidad individual a otro nivel.
Estudios científicos sitúan su máximo conocido por encima de los 500 años. Una investigación sobre su genoma publicada en 2025 recoge una longevidad máxima reportada de 507 años, mientras trabajos anteriores han manejado cifras similares.
Para ponerlo en perspectiva: cinco siglos representan más tiempo del transcurrido desde la llegada de los europeos a buena parte del continente americano hasta nuestros días.
Los científicos estudian esta especie precisamente porque su organismo puede aportar pistas sobre los mecanismos biológicos relacionados con el envejecimiento.
5. Corales que llevan milenios creciendo

Si ampliamos la mirada desde animales individuales hacia animales coloniales, la escala se vuelve todavía más impresionante.
Los corales son animales, aunque una colonia está formada por numerosos pólipos.
NOAA explica que una colonia de coral negro del género Leiopathes, localizada en aguas profundas cerca de Hawái, fue datada mediante carbono en aproximadamente 4,265 años.
Cuando comenzaron las primeras civilizaciones de la Antigüedad, organismos de este tipo ya podían estar creciendo en las profundidades marinas.
Aquí, sin embargo, es importante distinguir entre la edad de una colonia y la longevidad de un único individuo.
¿Por qué algunos animales viven tanto?
No existe una sola respuesta.
Las estrategias son diferentes entre especies.
En algunos casos intervienen metabolismos lentos, bajas temperaturas, crecimiento pausado, mecanismos celulares capaces de limitar determinados daños asociados con la edad o ambientes donde existen menos amenazas externas.
La almeja Arctica islandica, por ejemplo, ha despertado enorme interés entre investigadores del envejecimiento. Estudios de ejemplares de diferentes edades han encontrado una notable estabilidad de determinadas proteínas y procesos celulares incluso después de más de un siglo de vida.
Las ballenas boreales también son objeto de investigación por mecanismos relacionados con la reparación del ADN. NOAA señala que genes vinculados con la reparación del daño genético podrían contribuir a su extraordinaria longevidad.
Vivir siglos no significa ser inmortal
Ninguno de estos animales es indestructible.
Pueden morir por enfermedades, depredadores, cambios ambientales o actividades humanas mucho antes de alcanzar su máximo potencial.
Por eso, cuando se habla de una especie que puede vivir 200, 400 o 500 años, no significa que todos sus individuos alcancen esas edades.
Lo extraordinario es que biológicamente algunos pueden hacerlo.
Y quizá esa sea la parte más difícil de imaginar: en algún lugar del océano puede existir un animal que comenzó su vida cuando el mundo humano era completamente diferente y que, mientras generaciones enteras nacieron y desaparecieron, simplemente siguió viviendo.