El Atlántico llegó a mediados de septiembre sin haber registrado un solo huracán en 2026, mientras El Salvador permanece bajo alerta roja por sequía meteorológica y agrícola. Son fenómenos diferentes y uno no causa directamente al otro, pero ambos forman parte de una temporada marcada por un comportamiento atmosférico poco habitual en la región.
Hasta el 15 de septiembre, el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos contabilizaba cinco tormentas tropicales —Arthur, Bertha, Cristobal, Dolly y Edouard— y ningún huracán. Para esa fecha, la actividad ciclónica acumulada era 94 % inferior al promedio de 1991-2020.
La cifra resulta especialmente llamativa porque septiembre se encuentra en el período de mayor actividad histórica de la temporada del Atlántico. Sin embargo, todavía queda tiempo: oficialmente la temporada termina el 30 de noviembre.
La sequía no es un fenómeno aislado de El Salvador
La falta de huracanes en el Atlántico no significa que esa sea la causa de la sequía salvadoreña. El clima de Centroamérica depende de varios mecanismos que interactúan entre sí: ondas tropicales, humedad proveniente del Caribe y el Pacífico, vientos y la posición de la Zona de Convergencia Intertropical (ZCIT).
Los ciclones y otras perturbaciones tropicales tampoco necesitan tocar directamente El Salvador para influir sobre el entorno regional. Al modificar los vientos y transportar grandes cantidades de humedad pueden favorecer configuraciones que incrementan las lluvias sobre Centroamérica. Su presencia o ausencia es, por tanto, una pieza más dentro de un sistema mucho mayor.
Este año, además, existe otro actor importante: El Niño se está fortaleciendo.
El Centro de Predicción Climática de NOAA informó el 10 de septiembre que El Niño continúa intensificándose y calculó una probabilidad superior al 90 % de que alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño y el invierno 2026-2027 del hemisferio norte. El fenómeno modifica la circulación atmosférica tropical y puede alterar la distribución habitual de las precipitaciones.
En El Salvador esas alteraciones ya tienen consecuencias. Protección Civil mantiene desde el 25 de agosto una alerta roja nacional por sequía meteorológica y agrícola, después de registrar déficit e irregularidad de las lluvias, períodos secos recurrentes y temperaturas superiores a lo normal. La institución advierte sobre posibles efectos en la disponibilidad de agua, cultivos, ganadería, medios de vida y seguridad alimentaria.
El MARN prevé precisamente lluvias por debajo de lo normal durante buena parte de septiembre y octubre y relaciona ese escenario con el fortalecimiento de El Niño. Para agosto-octubre proyectó un acumulado nacional inferior al promedio climatológico, con las mayores probabilidades de déficit en las zonas paracentral y oriental.

El patrón se observa más allá de las fronteras
La señal tampoco termina en El Salvador. El Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología de Guatemala informó este mes que el país ha registrado déficits de lluvia de alrededor de un tercio de los valores normales, junto con aumento de temperaturas, en un escenario relacionado con el desarrollo de El Niño.
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Esto no significa que toda Centroamérica esté seca al mismo tiempo. La ZCIT, las ondas tropicales y otros sistemas pueden provocar días o semanas de lluvias intensas en determinadas zonas aun dentro de una temporada deficitaria. Costa Rica, por ejemplo, ha tenido recientemente episodios de mayor humedad asociados precisamente a una ZCIT activa y al paso de ondas tropicales.
La fotografía regional, por tanto, no es simplemente “no hay huracanes y por eso no llueve”. Es más amplia: El Niño está modificando la circulación tropical, el Atlántico presenta una actividad ciclónica inusualmente baja y sectores de Centroamérica atraviesan déficits de precipitación y temperaturas elevadas.
Para El Salvador, la preocupación aumenta porque la temporada lluviosa avanza hacia su etapa final. El MARN prevé que la transición hacia la época seca comience durante la segunda mitad de octubre y se complete entre finales de ese mes y los primeros días de noviembre.