Una flor estaba demasiado alta para alcanzarla. Debajo había una pelota. Nadie les enseñó qué hacer con ella, pero algunos abejorros encontraron una solución sorprendente: mover la pelota hasta colocarla debajo de la flor, subirse sobre ella y alcanzar así una recompensa azucarada.
El experimento fue realizado por investigadores de la Universidad de Oulu, en Finlandia, y publicado en junio de 2026 en la revista científica Science.
El hallazgo aporta evidencia de que un insecto con un cerebro diminuto puede resolver espontáneamente un problema completamente nuevo mediante acciones dirigidas hacia un objetivo.
Abejorros encontraron una solución que nadie les había enseñado
Antes del experimento, los insectos habían aprendido dos cosas por separado.
Sabían que una flor artificial azul podía contener una recompensa y habían tenido contacto con una pequeña pelota que podían mover.
Sin embargo, nunca habían sido entrenados para utilizar esa pelota como una especie de escalón.
Los investigadores colocaron posteriormente la flor en el techo de una pequeña instalación experimental, fuera del alcance directo de los insectos.
La solución requería trasladar la pelota, colocarla debajo de la flor y subirse sobre ella.
Más del 70 % de los abejorros evaluados consiguió resolver la tarea, según el reporte del estudio.
Una versión para insectos del problema de la caja y el plátano
El experimento recuerda una prueba clásica realizada hace más de un siglo con chimpancés.
El psicólogo Wolfgang Köhler observó que algunos primates podían mover y apilar cajas para alcanzar un plátano situado fuera de su alcance.
En el caso de los abejorros, la pelota cumplía una función semejante: era un objeto que debía ser desplazado hasta un lugar determinado para posteriormente utilizarlo y alcanzar la recompensa.
Los científicos realizaron controles adicionales para descartar que los insectos simplemente estuvieran siguiendo visualmente la flor.
En algunas pruebas, la flor permaneció oculta mientras movían la pelota. Aun así, varios abejorros continuaron transportándola hacia el sitio correcto.
¿Significa que los abejorros “piensan” como nosotros?
No necesariamente.
Los investigadores no afirman que un abejorro razone de la misma manera que una persona ni que experimente un momento consciente de inspiración.
Lo que el estudio demuestra es más específico: los insectos consiguieron generar una solución nueva y orientada hacia una meta sin haber recibido entrenamiento directo para ejecutar esa secuencia.
Esto desafía la idea de que la resolución espontánea de problemas utilizando objetos requiere necesariamente cerebros grandes como los de primates, aves u otros vertebrados.
El trabajo se suma a otras investigaciones que están modificando la percepción científica sobre la inteligencia de estos insectos.
Estudios anteriores ya habían mostrado que los abejorros pueden aprender comportamientos complejos observando a otros individuos e incluso adquirir secuencias que resultan muy difíciles de descubrir de manera independiente.
Ahora, una pequeña pelota y una flor fuera de alcance añaden otra pieza al rompecabezas.
El tamaño del cerebro, al parecer, no cuenta toda la historia cuando se trata de resolver problemas.