El mundo vio caer las Torres Gemelas por televisión. Para varias familias de salvadoreños, sin embargo, el 11 de septiembre de 2001 no fue solamente el ataque que cambió a Estados Unidos: fue el día en que esperaron una llamada que nunca llegó.
Este viernes se cumplen 25 años de los atentados del 11-S, que dejaron 2,977 víctimas en los ataques de aquel día contra Nueva York, el Pentágono y Pensilvania. En la Zona Cero, familiares vuelven a leer sus nombres como parte de una ceremonia que comenzó con un minuto de silencio a las 8:46 a. m., la hora en que el primer avión impactó la Torre Norte.
Detrás de la enorme cifra existen historias que también conducen hasta El Salvador.
Los salvadoreños detrás de los nombres del 11-S
Ana Gloria Pocasangre de Barrera tenía 49 años y nunca llegó a su destino.
Aquella mañana viajaba en el vuelo 175 de United Airlines, que había despegado de Boston rumbo a Los Ángeles. El avión fue secuestrado y terminó impactando contra la Torre Sur del World Trade Center.
Pocasangre mantenía estrechos vínculos con su familia en Soyapango. El propio 9/11 Memorial & Museum conserva su historia: acostumbraba aprovechar sus viajes para llevar cosas a sus familiares y, después de su muerte, su familia realizó un servicio conmemorativo también en El Salvador. Sus restos nunca fueron recuperados.
Elsy Carolina Osorio Oliva tenía apenas 27 años.
Había emigrado desde El Salvador junto a su familia y trabajaba como ingeniera junior de traducción para General Telecom, en el piso 83 de la Torre Norte. Vivía en Queens con su madre, padrastro y dos hermanos menores.
Aquella mañana quedó atrapada en el edificio. Tenía planes de casarse y soñaba con comprar una casa para su familia. Su nombre permanece entre los de quienes murieron en el World Trade Center.
Otra historia conectada directamente con El Salvador es la de Harold Lizcano, contador de 31 años de Carr Futures. Trabajaba en el piso 92 de la Torre Norte y acababa de casarse. Mientras su esposa lo buscaba desesperadamente después del impacto, familiares de Lizcano en El Salvador intentaban comunicarse con ella.
Archivos salvadoreños posteriores lo incluyeron entre los tres compatriotas fallecidos en los ataques.
25 años después, el 11-S sigue cobrando vidas
La conmemoración de 2026 incorpora algo especialmente significativo.
Por primera vez en esta ceremonia de aniversario se contempla un séptimo momento de silencio, dedicado a quienes murieron posteriormente por enfermedades y lesiones relacionadas con la exposición al polvo, humo y sustancias liberadas tras los ataques.
El legado del 11-S, por tanto, ya no se mide únicamente por quienes fallecieron aquel martes de 2001. El programa de salud creado para atender a personas afectadas por las consecuencias de los ataques reúne a más de 150,000 inscritos y más de 9,000 de sus miembros han fallecido.
Un cuarto de siglo después, la ceremonia vuelve al mismo gesto esencial: leer los nombres uno por uno.
Entre ellos siguen estando los de personas cuyas historias comenzaron, o dejaron familia, a miles de kilómetros de Manhattan, en El Salvador.