El verano y sus noches cálidas, sumados al ritmo de vida actual, han convertido a la melatonina en el recurso de cabecera para miles de personas que luchan por conciliar el sueño. Sin embargo, su fácil acceso y presentación en forma de “gominolas” han generado una falsa sensación de seguridad: muchos creen que, al ser un suplemento natural, no conlleva riesgos. La ciencia dice lo contrario.
No es un dulce, es una hormona
Jesús Fernández Felipe, profesor de Enfermería, es enfático al señalar que el uso de la melatonina “no debería convertirse en una rutina indefinida” sin haber diagnosticado previamente la causa real del insomnio.
A diferencia de lo que muchos creen, la melatonina no es un sedante convencional, sino una hormona que nuestro cuerpo produce naturalmente cuando detecta la disminución de la luz ambiental. Su función es sincronizar el reloj biológico. Al ingerirla de forma externa y sin control, corremos el riesgo de desajustar nuestra propia producción hormonal.
Los efectos del abuso: más allá de un simple mareo
Tomar más melatonina no garantiza un mejor descanso; de hecho, puede ser contraproducente. La investigación científica sugiere que el abuso de este suplemento puede provocar:
- Somnolencia diurna: Sentirse “apagado” o sin energía durante el día.
- Deterioro cognitivo: Reducción notable en la capacidad de atención y concentración.
- Alteraciones físicas: Dolores de cabeza frecuentes, náuseas, mareos y molestias gastrointestinales.
- Efectos psicológicos: Irritabilidad, desorientación y sueños extremadamente intensos o pesadillas.
La trampa psicológica
Uno de los mayores peligros, según Fernández, es la dependencia psicológica. Si llevamos meses tomando el suplemento, nuestro cerebro puede llegar a creer que es incapaz de conciliar el sueño por sí solo. “Podemos acabar asociando el momento de dormir con la necesidad de tomar un producto”, advierte el experto.
¿Cuándo es realmente necesaria?
Los especialistas subrayan que, si los problemas de sueño se extienden por meses, el consumo de melatonina no debe ser la solución principal. El insomnio crónico suele tener causas subyacentes como:
- Estrés y ansiedad no tratados.
- Exposición excesiva a la luz azul (celulares y computadoras) antes de dormir.
- Hábitos de sueño inconsistentes.
En estos casos, el tratamiento de elección suele ser la terapia cognitivo-conductual. La melatonina tiene su lugar, pero debe ser bajo una indicación precisa según la edad, la dosis adecuada y la formulación correcta para cada paciente. Antes de comprar la próxima caja de gominolas, pregúntate: ¿Estoy tratando el síntoma o la causa?