El 4 de agosto de 2026, durante un partido de la Copa FA Golok en el estadio Santiphap de Su-ngai Kolok (Narathiwat, Tailandia), un rayo impactó el terreno de juego. El futbolista de 24 años Sofwan Awae, reciente fichaje del Yala FC, falleció a causa de las lesiones, mientras que varios de sus compañeros resultaron heridos.
El video del momento, ampliamente compartido en redes sociales, muestra la brutalidad del fenómeno y ha reavivado la conversación sobre un riesgo que, aunque poco frecuente a escala individual, sigue cobrando vidas en todo el mundo. Según datos de la NOAA, se producen alrededor de 6,000 descargas eléctricas cada minuto en el planeta, lo que equivale a más de 8 millones de rayos al día.
El riesgo de ser impactado por un rayo
A nivel individual, las probabilidades de ser alcanzado por un rayo son bajas, pero no despreciables. En Estados Unidos, las estimaciones oficiales sitúan la probabilidad en 1 entre 1 y 1.5 millones por año, y a lo largo de una vida, alrededor de 1 entre 15,000-19,000. Cerca del 90% de las víctimas sobreviven, aunque muchas quedan con secuelas.
A escala global, las cifras de mortalidad son más altas, especialmente en zonas tropicales y países con menos infraestructura de protección. India y varios países africanos encabezan las estadísticas de fatalidades, donde los hombres, las personas que trabajan al aire libre y quienes practican deportes en campos abiertos tienen un riesgo superior.
El trueno es la señal más clara de peligro: si se escucha, el rayo está lo suficientemente cerca como para alcanzar a una persona. Otras señales incluyen nubes cumulonimbo, oscurecimiento del cielo, aumento del viento y bajada brusca de temperatura.

Precauciones esenciales para evitar tragedias
La regla de oro de los servicios meteorológicos es: “Cuando truena, entra a un edificio”. En el deporte, se recomienda la regla 30/30: si el tiempo entre el rayo y el trueno es inferior a 30 segundos, suspender la actividad y buscar refugio. No reanudar hasta que hayan pasado 30 minutos sin truenos.
Los lugares seguros incluyen edificios cerrados y vehículos con techo metálico. Se deben evitar campos abiertos, árboles aislados, agua y objetos metálicos. Si no hay refugio cercano, adoptar la posición de seguridad: agacharse en cuclillas, pies juntos, cabeza baja y manos cubriendo las orejas.