Los octavos de final del Mundial 2026 dejaron partidos inolvidables, remontadas agónicas, batacazos históricos y actuaciones individuales que marcaron la diferencia.
En una fase donde cada error se paga caro y cada detalle puede cambiar una eliminatoria, varios jugadores aparecieron en el momento justo para sostener a sus selecciones.
Erling Haaland, el verdugo de Brasil
Erling Haaland fue uno de los grandes protagonistas de los octavos de final.
El delantero noruego marcó los dos goles con los que Noruega eliminó a Brasil, la pentacampeona del mundo, en el que hasta ahora es uno de los batacazos más fuertes del Mundial 2026.
Haaland necesitó muy poco para hacer muchísimo daño. Le bastó con rematar tres veces al arco para marcar dos goles. Eso es lo que tiene el “androide”: puede pasar varios minutos sin aparecer demasiado, pero cuando toca la pelota en zona de definición, cambia partidos.
Ante Brasil, volvió a demostrar por qué es uno de los mejores delanteros del mundo.
Jude Bellingham, el alma de Inglaterra
Jude Bellingham fue clave en la victoria 3-2 de Inglaterra ante México, en uno de los mejores partidos de los octavos de final.
El mediocampista inglés marcó un doblete en apenas un minuto, una ráfaga que cambió el partido y posicionó a Inglaterra de manera positiva en el resultado.
Pero su actuación fue mucho más allá de los goles.
Bellingham presionó, corrió, marcó, atacó y se multiplicó por toda la cancha. Fue un jugador total, de esos que aparecen en todos los sectores y que contagian al resto del equipo.
Inglaterra necesitaba una figura en una noche complicada y Bellingham respondió como líder.
Charles De Ketelaere, el problema que Estados Unidos nunca resolvió
Charles De Ketelaere tuvo una actuación excelsa en la goleada 4-1 de Bélgica ante Estados Unidos.
El jugador belga marcó dos goles y dio una asistencia, números que por sí solos ya explican su impacto. Sin embargo, su influencia fue mucho más grande que la estadística.
De Ketelaere fue un verdadero problema para la selección anfitriona. Estados Unidos nunca pudo descifrar sus movimientos, ni controlar su físico, ni reducir su influencia en ataque.
Con movilidad, potencia y claridad, el belga fue determinante para que Bélgica eliminara a uno de los anfitriones y recuperara sensaciones importantes en el torneo.
Azzedine Ounahi, el motor de Marruecos
Azzedine Ounahi volvió a demostrar por qué es un jugador imprescindible para Marruecos.
El mediocampista fue clave en la goleada 3-0 ante Canadá, donde además marcó un doblete. Pero su importancia va más allá de los goles: Ounahi es el corazón del mediocampo marroquí.
Puede jugar como interior, como volante mixto, como organizador y como recuperador. Es un 8, un 5, un todoterreno.
Desde el Mundial de Qatar ya había dejado claro que era un futbolista distinto, pero en 2026 sigue confirmando que Marruecos no puede darse el lujo de jugar sin él.
Cuando Ounahi está bien, Marruecos juega mejor.
Cuti Romero, carácter y gol para la remontada argentina
Cristian “Cuti” Romero fue imprescindible en la remontada histórica de Argentina ante Egipto.
La Albiceleste perdía 2-0 hasta el tramo final del partido, pero terminó ganando 3-2 en una reacción llena de carácter, tensión y polémica. En ese escenario, Cuti Romero fue uno de los grandes responsables de que Argentina siguiera con vida.
No solo marcó un gol clave. También fue el alma del equipo cuando Argentina más lo necesitaba.
Romero empujó desde atrás, transmitió carácter, ganó duelos y sostuvo emocionalmente a una selección que parecía contra las cuerdas. En partidos así, su liderazgo pesa tanto como una jugada defensiva o un gol.
Haisem Hassan, el desequilibrio de Egipto
Haissem Hassan también merece estar entre los nombres destacados de los octavos de final.
El extremo de Egipto ya había mostrado destellos importantes ante Australia en los tiempos extra, pero frente a Argentina confirmó que tiene condiciones para ser una de las grandes apariciones del torneo.
Hassan fue titular y no decepcionó. Rápido, habilidoso, vertical y con mucha gambeta, fue una pesadilla para la defensa argentina durante buena parte del partido.
Fue clave en la ventaja parcial de Egipto, que llegó a ponerse 2-0 arriba. Sin embargo, su posible lesión y posterior salida cambiaron por completo el desarrollo del encuentro. Desde ese momento, Egipto perdió desequilibrio, profundidad y amenaza ofensiva.