A lo largo de sus más de tres décadas de trayectoria artística, Shakira ha demostrado ser una de las mentes más polifacéticas y disciplinadas del pop global. Además de cantar, componer, producir y dominar múltiples idiomas, la barranquillera siempre ha dejado ver una insaciable curiosidad intelectual que la llevó, por ejemplo, a graduarse de un curso de Filosofía Antigua en la Universidad de Pensilvania durante la pandemia.
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Sin embargo, pocos conocían cuál era esa carrera universitaria que realmente despierta su obsesión y a la cual le habría encantado dedicarse si los escenarios no se hubieran cruzado en su camino. La revelación se dio durante una reciente y cercana entrevista concedida a la creadora de contenido e influencer venezolana Lele Pons.
En medio de una conversación fluida sobre sus vidas privadas, sus manías y los secretos detrás de su cotidianidad, la intérprete de Monotonía y Las mujeres ya no lloran sorprendió al confesar que su verdadera vocación frustrada no tiene nada que ver con el diseño, las leyes o las humanidades, sino con las ciencias de la salud.
Con total naturalidad y entre risas, Shakira detalló que el diagnóstico y la atención en salud de quienes la rodean se han convertido en una especie de pasatiempo serio en su día a día, al punto de que su círculo social más cercano ya la consulta de manera habitual antes de ir a un centro asistencial.“La gente que me conoce siempre dice que soy médica empírica porque me encanta la medicina, siempre estoy diagnosticando”, confesó la artista, dejando ver un lado sumamente perfeccionista y analítico que aplica para descifrar síntomas.
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La cantante colombiana aseguró que su nivel de precisión con los malestares de sus allegados es bastante alto, lo que ha generado una confianza ciega entre sus amigos. “Mis amigos siempre vienen donde mí y me dicen: ‘Me siento así, ¿qué hago?, ¿qué será lo que me pasa?’. Por lo general acierto”, relató con orgullo. Para cerrar la idea, la estrella internacional no dudó en asegurar de manera categórica la profesión que debió marcar su destino: “Yo tenía que ser médico, no cantante sino médico”.
Esta llamativa confesión no hace más que reconfirmar el perfil curioso y meticuloso que caracteriza a la barranquillera en sus procesos creativos y personales. Quienes han trabajado con ella en el estudio de grabación suelen describir su método como “quirúrgico”, una etiqueta que ahora cobra un nuevo sentido tras conocerse su profunda afinidad por los diagnósticos clínicos.
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Aunque el mundo entero agradece que se haya decantado por los micrófonos y las composiciones que han marcado a generaciones, queda claro que, de haber seguido la bata blanca, Shakira habría abordado la ciencia con la misma pasión con la que hoy llena estadios a nivel mundial.