La ciudad de Nueva York despertó transformada tras el paso de la “Blizzard 2026”, una de las tormentas invernales más intensas de los últimos años que azotó la región. La Gran Manzana quedó prácticamente paralizada debido a vientos huracanados y visibilidad reducida, lo que obligó a la cancelación de miles de vuelos en los aeropuertos JFK, LaGuardia y Newark, así como a la suspensión temporal del metro y autobuses. Las autoridades reportaron cortes de energía y condiciones que dificultaron las labores de los servicios de emergencia.
Según los registros oficiales del Servicio Nacional de Meteorología (NWS), Central Park acumuló 19.7 pulgadas (50 cm) de nieve, posicionando este evento como la novena nevada más grande desde que iniciaron las mediciones en 1869. En zonas como Staten Island y Long Island, las acumulaciones superaron las 30 pulgadas, creando desafíos logísticos sin precedentes. Una vez que la tormenta amainó, el caos dio paso a un paisaje irreal: miles de neoyorquinos salieron a las calles para admirar los puentes icónicos y senderos del parque, convertidos en un paraíso invernal silencioso.
Nieve histórica en Nueva York
El impacto de la tormenta fue masivo: aeropuertos cerrados, transporte público suspendido y calles bloqueadas por la nieve. Las autoridades advirtieron sobre el riesgo de hipotermia y accidentes viales, instando a la población a evitar desplazamientos innecesarios. Equipos de limpieza trabajaron sin descanso para despejar las principales avenidas, aunque la recuperación total podría tomar días.
El NWS destacó que esta tormenta invernal superó las expectativas iniciales, con acumulaciones récord que no se veían desde hace décadas. Mientras tanto, los medios locales compartieron imágenes de un Central Park irreconocible, cubierto por un manto blanco que atrajo a fotógrafos y turistas. Las redes sociales se llenaron de comparativas entre el antes y después de la ciudad, resaltando la magnitud del fenómeno.
Las autoridades de transporte anunciaron que la reanudación de servicios será gradual, priorizando rutas críticas y la seguridad de los pasajeros. Mientras tanto, los equipos de emergencia continúan atendiendo llamadas por caídas de árboles y personas varadas. La tormenta dejó en evidencia la vulnerabilidad de la infraestructura ante eventos climáticos extremos, pero también la resiliencia de los neoyorquinos.
Los expertos advierten que, con el cambio climático, este tipo de tormentas intensas podrían volverse más frecuentes. Mientras Nueva York se recupera, el récord de nieve en Central Park queda como un hito en la historia meteorológica de la ciudad.