La noche se tornó explosiva durante una transmisión en vivo donde Dulce María Pérez, conocida como la “Señora de las Lavas“, decidió no callarse más. Ante los ataques de una audiencia que la tildaba de “aprovechada” y “mentirosa” por las pérdidas sufridas en Ciudad Marsella II, la generadora de contenido lanzó un mensaje directo: “Pinches haters, quiero un Ferrari, casa de dos pisos y rancho de playa”, elevando la temperatura del debate digital a niveles nunca antes vistos.
En conversación con Juan Barrera, se reveló que, tras un levantamiento con una auditora, el valor de sus muebles afectados ronda los $22,870. Sin embargo, la negociación con la empresa constructora parece estancada, ya que, según Shiky, no han presentado una contraoferta formal y evaden sus peticiones de daños y perjuicios.
¿Indemnización de lujo o derechos pisoteados?
La tensión escaló al discutirse el papel de los abogados y la confidencialidad del caso. Shiky denunció que la empresa busca incluir una cláusula en el finiquito para deslindarse de procesos penales, algo que ella considera una falta de respeto. “No hay un ping-pong… ellos no quieren hablar”, explicó, mientras su casa sigue inhabitable y las promesas de una vivienda provisional no se cumplen.
Sobre la filtración de información en cuentas como “Diario El Cronio”, la influencer se mostró indignada. Negó vínculos con figuras políticas, como el exdiputado Raúl Beltrán Bonilla, y defendió su privacidad: “Yo no tengo por qué darle cuenta a un pinche hater”, mientras usuarios desconocidos publicaban montos en el chat del live.
El lenguaje corporal de Shiky durante el enlace denotaba hartazgo y determinación. Aunque entre bromas pidió lanchas y piscinas, recalcó que su lucha es por sus derechos como afectada. La “Señora de las Lavas” acusó a la constructora de romper cláusulas de confidencialidad al filtrar detalles de su caso en redes sociales.
El caso de Ciudad Marsella está lejos de cerrarse. Mientras el público especula si la oferta real fue de $33,500 o si ella exige $45,000, Shiky sigue esperando respuestas. “Velo por mis derechos”, concluyó, dejando claro que, entre bromas de Ferraris y realidades de lodo, no retrocederá hasta lograr justicia.