El influencer Jesús Arévalo, quien utiliza su plataforma @JesusArevalo21 como megáfono ciudadano, ha subido el tono del enfrentamiento contra la Alcaldía de San Salvador (AMSS). Su foco: el reordenamiento del Centro Histórico. Arévalo reveló que los vendedores informales no se quedarán de brazos cruzados, anunciando una marcha masiva y pacífica “de blanco” para manifestar su descontento directamente en el corazón de la capital.
La reacción del generador de contenidos surge como respuesta directa a los comentarios previos del alcalde Mario Durán, quien había tildado a los opositores al plan de reordenamiento como
“grupos de choque de los mismos de siempre” que buscan “volver al pasado”.
Lejos de evadir el golpe, Arévalo ha transformado la defensa en un ataque frontal y lleno de picardía digital.
El punto más álgido de su mensaje fue dirigido contra el Cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAM). Arévalo, tras señalar la inusual presencia de camarógrafos del CAM, acusó a la institución de querer “hacerse los santos” en un intento de limpiar su imagen ante la opinión pública. Esta interpretación editorial pone en duda las verdaderas intenciones de la municipalidad en medio de la disputa territorial.
Influencer, vendedor por cuenta propia, activista
Sin embargo, el dardo más venenoso fue la comparación directa que lanzó Arévalo al actual edil.
Con la frase “la ley es para cuando les conviene y te convertiste en otro @norman_quijano”,
el influencer no solo cuestionó la aplicación de la normativa, sino que revivió uno de los fantasmas más polémicos de la historia reciente de la alcaldía capitalina, garantizando el debate en redes sociales.
Este cruce de fuego digital y político confirma que el conflicto por el Centro Histórico ya se movió de los pasillos de la alcaldía a las pantallas del país. Los salvadoreños, siempre atentos a estos dramas, se dividen entre quienes apoyan la mano dura para reordenar la ciudad y aquellos que ven en Arévalo la voz legítima de un sector laboral que siente amenazado su sustento diario.
La convocatoria a la marcha “pacífica” de los vendedores, amplificada por la plataforma de Arévalo, establece un nuevo pulso de fuerza. La municipalidad ya tiene su respuesta ciudadana en el timeline y deberá decidir si confronta a un movimiento digital que amenaza con desbordarse a la calle.