Un video de 30 segundos ha conmovido a Panamá al exponer la brutal agresión de dos estudiantes de secundaria contra su profesora de inglés en un colegio de La Chorrera (Panamá Oeste), un incidente que, según expertos, es la punta de un alarmante iceberg de violencia escolar que crece en el país.
La escena, viralizada este 25 de noviembre de 2025, muestra a una de las jóvenes propinando puñetazos y patadas a la docente —arrinconada contra la pared— mientras la otra bloquea la puerta para impedir que otros intervengan. La agresión física escaló rápidamente tras una simple amonestación por comportamiento disruptivo en clase. La profesora, una educadora con años de experiencia, terminó con moretones y un trauma que va más allá de las lesiones visibles.
El Ministerio de Educación (Meduca) ha confirmado que las estudiantes, ambas menores de edad, están siendo investigadas internamente, lo que podría derivar en suspensiones y terapia obligatoria, conforme a la Ley 7 de 2018 que penaliza la violencia escolar. Lo más crítico, sin embargo, fue la inacción de la docena de alumnos presentes, quienes se limitaron a grabar el ataque con sus celulares, una “cultura de indiferencia” que, según psicólogos del Meduca, agrava el trauma de las víctimas.
El Salvador como contrapunto por lo de Panamá
Este caso no es un incidente aislado: datos de 2025 de la Organización Global de Prevención ante el Bullying (OGPAB) y el Meduca indican un repunte del 15-20% en incidentes escolares, con más de 1.000 intervenciones por bullying a octubre, posicionando a Panamá como líder regional en estudiantes afectados por acoso. Expertos vinculan la escalada a heridas emocionales no atendidas tras la pandemia, altas tasas de deserción y la escasez de recursos, con solo 318 psicólogos para 3.102 escuelas en todo el país.
En contraste, El Salvador ha implementado un drástico reforzamiento de la disciplina escolar, impulsado por la ministra de Educación, Karla Trigueros. Desde agosto de 2025, un memorándum obligatorio exige inspecciones en las entradas de los centros educativos, enfocadas en uniformes impecables, higiene y respeto, con el objetivo de prevenir el reclutamiento pandillero.
Adicionalmente, el “Reglamento para la Promoción de la Cortesía Escolar” establece un sistema de deméritos, con suspensiones o pérdida del año por acumular diez faltas, un enfoque que ha polarizado opiniones entre quienes lo ven como “militarización” y quienes lo defienden como la clave para recuperar el orden y la autoridad en las aulas. A pesar de las críticas sobre ignorar la desigualdad, reportes preliminares del MINEDUCYT indican una mejora del 10% en la convivencia escolar y una disminución de quejas por indisciplina.
La crisis en Panamá subraya la urgencia de involucrar a padres y comunidades, y aunque el Meduca promete protocolos más estrictos, el debate se centra en si el país debe adoptar toques de “mano dura” —como inspecciones diarias y sistemas de incentivos— para restaurar la disciplina escolar o centrarse exclusivamente en la inversión en apoyo psicoemocional integral. El doloroso video panameño es un llamado de atención regional sobre la necesidad de un equilibrio entre el orden y el apoyo integral.